jueves, julio 29, 2004

NO MUY LEJOS DE AQUÍ...

Perdido entre las Montañas Rocosas se encuentra un pequeño pueblo de no más de veinte habitantes, allí donde la carretera comarcal acaba. Si llegas a Dogville, sólo tienes dos opciones; quedarte o dar la vuelta. No puedes avanzar. Sus pobladores constituyen una comunidad muy unida, en la que cada uno desempeña un papel con el que intenta, como buenamente puede, ayudar a los demás. Son unos buenos cristianos, así que en Dogville se ayuda a todo el que la visita, llega a ella por casualidad, o se pierde en sus alrededores. O no. La noche que Grace llegó acababa de haber un tiroteo en la lejanía, cerca de la carretera principal, y tampoco ayudó que, a los pocos días, unos hombres aparecieran tras de ella revelando que "se escapó, es peligrosa...". Si los vecinos de Dogville le permiten quedarse, alojada por el reverendo Edison -que no tardará en enamorarse de los misterios de Grace- va a ser bajo unas condiciones nada blandas, que los días irán endureciendo más y más... pero Grace no olvida. Y puede que sea verdad eso de que es peligrosa.
En Valladolid tuvimos la suerte de ser unos de los primeros en verla (inauguró la Seminci), aunque el estreno oficial se hizo en Cannes, donde despertó pasiones y odios. Casi todo el que la ve repite, porque la primera vez el odio, la fascinación y la intriga son tan fuertes que no se captan todas las esencias de este genial experimento cinematográfico del danés Lars Von Trier -que ya nos hizo temblar con Rompiendo las Olas y nos dio de patadas en el corazón con Bailar en la Oscuridad-. Esta vez las patadas van al estómago, y ponen a funcionamiento máximo ese lugar en la boca del mismo donde se genera el odio. Como siempre, el casting es el más acertado posible, recupera a estrellonas de la talla de Lauren Bacall o Harriet Andersson y le da uno de los mejores papeles de su carrera a la Kidman -que vuelve a llamarse Grace, como ya la bautizase Alejandro en otra ocasión-, sin olvidar a Paul Bettany, Patricia Clarkson o Stellan Skarsgaard. En Dogville no hay casas, no hay farolas, no hay nada...unas cuantas líneas de tiza en el suelo nos indican quién vive dónde, lo que nos muestra a sus personajes completamente al raso, la mayoría de las veces con aterradoras consecuencias. Es una película muy teatral, pero quien diga que es teatro filmado merece el destino de los hijos de Vera y Chuck. Una película sin fronteras, sin nacionalidad, rodada en el idioma más popular del mundo para dar de golpes al país que lo popularizó. La crítica americana se sintió ofendida, ("¿cómo puede situar sus películas en los EEUU sin haber estado nunca allí?"). "Que yo sepa -les espetó Lars- ningún hollywoodiense ha estado en Marte y no se cortan a la hora de ambientar pelis allí..."