miércoles, agosto 25, 2004

DESDE LONDRES CON AMOR

Detengámonos en ese islote en el Atlántico, entre Francia y ninguna parte, donde se conduce por la izquierda, cuna de Escarabajos y Piedras Rodantes, entre otros: la Gran Bretaña. Aunque su producción cinematográfica no tenga el volumen de otros países como EEUU o su vecino, el país gabacho, los ingleses nos dan al año una docena de títulos, cuanto menos, entretenidos. Además -y esto nos lleva a la peli de hoy- tienen el monopolio de un género: la comedia romántica. No es que no se haga en ninguna otra parte, pero como los pastelillos ingleses no hay nada.
Unas semanas antes de las navidades de 2003 se estrenó (más o menos simultáneamente en todo el mundo) Love Actually. Cuando vi sus promociones, en las que se anunciaba como "La comedia romántica definitiva" entre otras lindezas, y tras comprobar su concentración de estrellas por metro de celuloide, tuve miedo. Encima era una película navideña. O les había salido una peli genial, o la cagada había sido mayúscula. No cabían medias tintas. Unos días antes del estreno comercial pude asistir a un pase previo. Los temores se disiparon a los diez minutos de proyección, entre el estruendo de las risas. Love actually era, como decía el cartel "Muy romántica. Muy comedia". Y muy divertida.


Richard Curtis debutaba en el tema de la dirección, pero para nada era novato en estas lides: ha escrito, entre otras, Cuatro Bodas y un Funeral, El Diario de Bridget Jones (incluyendo la segunda parte, de estreno en noviembre), o Notting Hill. Nada tiene que ver esta con las anteriores, pero sí tenía algo de ese "definitivo" que le colgaron. Es un homenaje a las comedias de amor pasadas, a las que se hacen ahora y a las que algún día se harán. El guión era un reto de dirección, y quién mejor para llevarlo a imágenes que su propio autor. Es una historia coral que nos cuenta hasta ocho (o más) historias de amor de toda clase y condición: parejas, padres e hijos, hermanos, amigos... Como quiero acabar el post antes de las próximas navidades, no me pondré a hablar de los actores, casi todos perfectos en sus papeles, aunque son tantos que algunos hacen poco más que un cameo. Como aperitivo para el que no la ha visto, y grato recordatorio para el que lo ha hecho, ahí dejo el cartel (con grandes ausencias). De vez en cuando viene muy bien olvidarse de las -tantísimas- cosas malas que tiene la vida y dejarse llevar. Y creerse durante dos horas, como reza el título completo, que el amor, en realidad, está en todas partes. Love actually is all around.