lunes, agosto 16, 2004

ROBINSONES EN TOKYO

Ninguno de los dos está allí por voluntad propia. El huye de una mujer agobiante y de unos hijos que no le quieren y, de paso, intenta ganar dos millones de dólares anunciando whiskey Suntory. Ella acompaña en viaje de negocios a su marido, célebre fotógrafo pop, y, de paso, intenta encontrar su lugar en la vida, que de momento sólo le ha dado una licenciatura en filosofía y un desconocido con el que dormir. Muchos años les separan -casi 30- pero eso importa poco cuando se conocen en su hotel de superlujo y empiezan a tramar juntos una "huida del país". Pero, en lo que la preparan, conocen una ciudad fascinante, llena de contrastes entre culturas (¿es Japón el extremo de Oriente o el comienzo de Occidente?), se conocen entre sí, entablando una amistad de esas que duran para siempre (no confundir con ese dolor de muelas llamado "amor"), y, sobre todo, se conocen un poquito mejor a sí mismos. A veces tienes que ir a la otra esquina del mundo para encontrarte contigo. No todo está perdido -aunque así parecía al comienzo- en Lost in Translation.

Sus álter-egos (¿o es al revés?) son Bill Murray y Scarlett Johansson, que dan lo mejor que hay en ellos en un duelo interpretativo -que nunca lo parece porque dicen que la química entre Bob y Charlotte también existió entre Bill y Scarlett- en el que no hay que olvidar unos secundarios de lujo: Giovanni Ribisi, Anna Faris, y un sinfín de actores japoneses cuyos nombres (en serio) no se escribir. Escribe -muy bien- y dirige -mejor- Sofia Coppola, la mujer que, como siga así, va a hacer que dentro de poco conozcamos al director de El Padrino y Apocalypse Now como "el padre de la directora de Las vírgenes suicidas". Parece ser que el talento también es hereditario...siendo así, esperemos que Sofia no tenga descendencia con Quentin, porque los oscar estarían dados de antemano. Una maravillosa película que emociona, que hace pensar, y -por si fuera poco- proporciona un placer estético indescriptible (recordemos los planos de la Johansson sentada en la ventana). Genial. Con un trío de ases así, yo también me pierdo en Tokyo.

2 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Sólo tú (y puede que también Rosendo Mercado) llamarías al amor dolor de muelas... Lo que surje entre los protagonistas es una forma derivada de ello. Aunque estamos de acuerdo en alejarlo del típico pastelito que la gente cree ver donde no lo hay. Me encantó la peli. Espero que no dejes de instruirme en la materia.
TRIPPY

2:16 a. m.  
Anonymous Anónimo said...

Que decir de lost in Translation si ya lo has dicho todo. Increíblamente profunda, una película en la que mucha gente no encuentra ningún tipo de significado y otros a los que nos lo dice todo. No me cansaré nunca de verla, aunque me produzca siempre esa sensación de tristeza y melancolía de ver que me siento como ellos.
Vickt

8:19 p. m.  

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