viernes, septiembre 17, 2004

OLVIDABILIDAD

Dícese de la cualidad de olvidable de algo, de su facilidad para eliminarlo de la memoria, muchas veces de la más inmediata. Es un fenómeno tan común en cine como en cualquier otro aspecto de la vida, ya que si nuestra memoria retuviese cada una de las cosas que presenciamos, tras un día ligeramente agitado ya estaríamos al borde del colapso. Además, es beneficioso, -aún más- necesario.
Gracias a que el 97% (por ejemplo) del cine que vemos a lo largo de nuestra vida es del todo olvidable, podemos hacer hueco a esas películas (o, como sucede mucho más habitualmentos, pequeños cortes de películas) que nos han emocionado, fascinado visualmente, o retado intelectualmente, dejando -sin vuelta atrás- una huella imborrable. Pero no es de esas pelis de las que vamos a hablar, que ya lo hago de post en post cada vez que algo me parece digno de unas pocas frases en su honra.
La olvidabilidad es tan subjetiva como cualquier otra cosa referida a una impresión personal, pero creo que todos tenemos sensaciones similares cuando salimos de ver un título olvidable. Hay millones de razones individuales por las cuales se puede querer olvidar un film, pero ahí van tres grupos que abarcan la mayoría de los supuestos, y que a todos nos han sucedido -los tres- alguna vez.
Están las pelis mediocres -el grupo más grande con diferencia, pero no por ello más inocente- que se ven sabiendo que se va a salir del cine y sólo se va a pensar en lo que está por venir, y no en la hora y media que acaba de irse. Muchas veces rozan el tedio, o tienen escenas que violentan por su baja calidad, pero no llegan a desparramarse del todo. Pura mediocridad. Los filmes aburridos son los que, pese al potencial interés del tema a tratar o la inicial conexión con todos o alguno de los personajes, consiguen que poco a poco te vayas distanciando de la historia, y, aunque no te importe qué va a suceder al final, deseas con toda tu alma que suceda lo antes posible. Tras verlas, suele apetecer escuchar música cañera o irse de picos pardos. (Si son extremadamente aburridos -muchas veces, además, con un metraje excesivo- lo único que apetece es irse a la cama). En último lugar, y como cumbre (dedicaremos un post, o los que hagan falta, a este grupo) están las pelis malas. Está lo malo, lo muy malo, y lo que provoca ansias de suicidio, pero, ¿quién no se ha pasado una proyección de un drama riendo por su ínfima calidad, o ha visionado una comedia con estupor y angustiosa seriedad? (yo al menos sí). En este cine la olvidabilidad se pone en práctica activamente, ya que muchas veces nuestras sádicas neuronas nos la quieren recordar días -a veces años- después de verla, por lo que es de sabios intentar, tras ver una de estas películas, hacer algún tipo de ejercicio para lograr expulsar la película de nuestras mentes, como si de un exorcismo cinematográfico se tratara.
Intentad olvidar este post lo antes posible, por favor.

1 Comments:

Blogger Trippy said...

La última vez que potencié mi olvidabilidad fue "gracias" a They. Utilicé 7 cervezas de marcas variadas vía oral. Una tras otra en ingestión forzada. Y aún me queda ese saborcillo a "¿Por qué se permiten estas patrañas los americanos?"...

3:14 a. m.  

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