martes, octubre 26, 2004

I STRIKE BACK

Empieza un nuevo año de cine. Y lo hace bastante bien. Fueron 7 los largometrajes que este finde pude mirar -y admirar- en la cuadragésimo novena edición de la Seminci Vallisoletana. Además del aliciente de volver a casa (por poco tiempo, ya ando por los madriles de nuevo), por las calles de la capital castellana se dejaron ver gentes de la industria, algunas caras conocidas y otras -las más- que escondían detrás grandísimos profesionales: Nanni Moretti, Amos Gitai, Juan José Campanella, Antonio Muñoz de Mesa, Pilar Bardem, José Luis García Sánchez, María Botto, Antonio Gasset, María Galiana... Y los pucelanos en sus casas (casi todos). Lo mismo da. La muestra sigue gustándo a cinéfilos y freaks en general, de España y de todo el mundo (espectacular concentración de prensa asiática este año).
A destacar tres títulos (me he perdido tantos...): Big Red One, una epopeya bélica de Samuel Fuller, con los dispares Lee Marvin y Mark Hamill, nos quitó el frío nocturno a base de metralla. Coffee and Cigarettes, divertido experimento del underground Jim Jarmusch, me dejó con mono de cafeína, y, lo que es peor, de nicotina. María Querida, extraña biografía de la filósofa andaluza María Zambrano, me arrancó lágrima y me hizo pensar mogollón, con unas estupendas Botto y Bardem.
Está muy bien que de vez en cuando te recuerden qué es el cine en realidad, sin palomitas, ni dolby digital, ni fulgurantes estrellas (ni fuera ni dentro de la pantalla), y si encima es en mi ciudad natal... Está muy bien volver. Proyectos de cortos, visionados de material, guioncillos cogiendo polvo, muchas visitas al cine (hay que hablar de Antes del Atardecer o Crimen Ferpecto, a no tardar). Y yo estoy apunto. La tregua se acaba. En nada, la segunda temporada de Puñaladas en 35 mm dará comienzo.

viernes, octubre 08, 2004

MADRID Y EL CINE: RANDOM THOUGHTS

El estruendo de los pasillos de la facultad a las 9 de la mañana. Carmen Maura, Guillermo Montesinos, y el "mambotaxi" de Mujeres al borde de un ataque de nervios. Las entradas (codiciadas a la par que inútiles) para los estrenos de la GU. Madrugón y odisea autobusera precedentes a un rodaje de la mítica 7 vidas. El DVD de El séptimo sello, esperando con ilusión ser algun día visionado, cogiendo polvo en la estantería. ¿Se habrá suicidado alguna pareja en el viaducto de la calle Segovia, como los protagonistas de Matador? La sesión nocturna de los UGC de Méndez Álvaro. Qué frikis sois. Si no fuera porque soy igual que vosotros... Grandes maratones de David Lynch y Tim Burton esperándonos. Mi bigote pintado. La locura de Nada de terror. Van Helsing en primera fila (dolor). La versión original subtitulada. Qué buena está Bea Segura, Lara en Los 80. El olor de los DVDs recién comprados -muy baratos- en Fnac o Madrid Rock. Los Goonies y Mi vida sin mí. Cayetana Guillén Cuervo con un abrigo rosa. Homo Zapping antes de salir. Tarantino comprando libros sobre Almodóvar en ocho y medio. Torrente/Santiago Segura. Los caballos de bronce de La comunidad. Cola en la videoteca para ver Rashomon. Buscando a Nemo y un concierto heavy. La oscuridad. ¡Qué bonita es Historias de Filadelfia!. Tesis fue sólo su principio. ¿Y si le compramos este póster de Cabeza borradora?. Puta butaca de plástico. Fascinación (mil).



P.D.: Toca mudanza. La capital me reclama.

miércoles, octubre 06, 2004

LOS NIÑOS NO SOMOS TONTOS

En la pared de la tienda de Doc, el inventor (que sabe dios en qué parte del mundo se encuentra), hay un pequeño agujero. Doc ni siquiera lo sabe, pero su perro Sprocket no le quita ojo. A través del agujero, después de pasar el túnel, escondido de nuestra realidad, se encuentra un lugar lleno de brillantes cuevas y cristalinos lagos: Fraggle Rock. Aquí conviven en aparente armonía los fraggles y los diminutos currys, aunque los esfuerzos titánicos de los segundos por levantar edificios de cristal sean vistos por los fraggles como un mero tentempié. Una de las mil galerías de Fraggle Rock da acceso a campo abierto, pero hay que andarse con cuidado. Es nada menos que el jardín de los gorys (una extravagante familia real de gigantes), que aguardan -sobre todo el "pequeño" Junior- a poder cazar algún fraggle, su pasatiempo favorito. Pero de vez en cuando merece la pena arriesgarse en ese jardín, porque allí habita la Señora Basura, un gran montón de deshechos parlante, que hace las veces de oráculo/líder ideológico para los fraggles. Un día Matt, un aventurero fraggle al que su hogar se le ha quedado pequeño, decide salir a explorar nuestro mundo -el "espacio exterior", como ellos lo llaman-, pero acuerda enviarle a su sobrino Gobo (el protagonista de la serie, junto con otros cuatro fraggles) postales periódicamente. Así empezó todo.



A finales de los 70 (ha llovido ya) Jim Henson (creador de Barrio Sésamo y Los Teleñecos), un gran genio irreconocido -aún- del cine y la TV, tuvo la idea de crear una serie (no un programa, como los anteriormente citados), que, según sus propias palabras, "enseñase al mundo a vivir en paz". La idea fue desarrollándose en Inglaterra durante los primeros 80, y tras bombardeos de ideas, reescrituras constantes de guiones, y búsqueda interminable de un buen estudio donde construir el plató para el rodaje, en 1983 comenzó la emisión original de una de las mejores series infantiles de la historia. Fueron en total 96 episodios de una media hora, que se prolongaron hasta 1987. Luego llegaron las reposiciones, regulares hasta el año 90, más o menos (en España quizá un poco más) y, después, Fraggle Rock se perdió en el olvido para siempre. Es una pena. Porque el señor Henson consiguió hacer un espectáculo divertidísimo (allí estaba yo todas las tardes sin perderme un episodio), y más que eso: Los fraggles comían los edificios de los currys antes de que estos se quedasen sin más espacio; los gorys cultivaban los rábanos que servían para hacer estos edificios, y los fraggles se jugaban la vida para recolectarlos; hasta en la basura había sabiduría... Lo consiguió: había creado una serie sobre la paz, la sostenibilidad de las sociedades, la importancia de cada individuo, la convivencia entre varias razas. Cómo un producto americano podía lanzar al mundo estas estrellas de peluche, una suerte de cruce entre comunismo y movimiento hippy, es aún un misterio. El hecho de que al final se produjese en Canadá, habla por sí solo. No estaría de más recuperar (en el horario que ahora ocupan engendros como A tu lado o El diario de Patricia) series como ésta, que entretienen y educan, pero de verdad. No sólo los niños lo agradecerían. La pequeña franja de la parrilla que queda dedicada a los más pequeños ya sólo la pueblan muñecos oligofrénicos que cantan canciones para irse a la cama, o estrellas del anime japonés que no hacen otra cosa que darse de hostias. Y lo contentos que nos poníamos cuando escuchábamos la sintonía de los fraggles (que nadie de mi generación podrá olvidar)... Qué ganas de volver a viajar al otro lado de la pared.

martes, octubre 05, 2004

FUNDIDO A NEGRO 2: JANET LEIGH



44 años han pasado ya desde que Anthony Perkins, disfrazado de su madre, se la cargase en plena ducha. Pero la sangre era sirope de chocolate (que queda genial con el blanco y negro), y se trataba de Psicosis, mi favorita de Hitchcock y una de mis preferidas de todos los tiempos. Y es que pocas películas han desafiado las leyes de la narración de esa manera, cargándose a la prota a mitad de metraje (ya lo analizaremos en profundidad). Ayer, a los 77 años, un infarto se llevó a Janet Leigh, esta vez de verdad. Menudo fin de semana... a ver si dejamos de perder personalidades de la industria, que después de un verano de defunciones (Marlon Brando, Jerry Goldsmith, Elmer Bernstein, Fay Wray...), como la cosa siga así, nos vamos a quedar sin maestros. La Leigh nos deja su belleza impresa en los fotogramas de Mujercitas, Scaramouche, El mensajero del miedo (de reciente remake), La niebla (cuando Carpenter no había perdido el norte del todo), Sed de mal, Los vikingos, Harper, investigador privado, El Danubio rojo... entre otras. También nos deja un pedazo de hija (Jamie Lee Curtis), que tuvo con Tony Curtis, uno de sus cuatro maridos. Que no todo en la vida va a ser currar. Lo dicho. A ver si el siguiente post trata tópicos menos funestos...

sábado, octubre 02, 2004

FUNDIDO A NEGRO: RICHARD AVEDON



Lo más seguro es que su nombre no diga nada al "gran público", pero, ¿cuántos nombres de fotógrafos famosos conocemos? Una asignatura pendiente. Uno de los más importantes, Richard Avedon, murió ayer, a los 81 años, en su casa familiar de Texas. Es, para muchos, el mejor retratista de todos los tiempos, y las caras más influyentes de la cultura, arte y espectáculos del Siglo XX posaron para él, contra esos fondos lisos y minimalistas que tanto le gustaban: plasmó para la posteridad a Brigitte Bardot , Georgia O'Keeffe, Jacques Cousteau, Andy Warhol, Charlie Chaplin, Marilyn Monroe, la duquesa de Windsor o Truman Capote, entre otros muchísimos. De su útlima etapa, se recuerda, sobre todo, el retrato que en 1981 hizo de Nastassja Kinski (arriba) una de las fotos más comentadas de todos los tiempos.



Siempre que revistas como American Photo Magazine y otras hacían ránkings de los 10 mejores fotógrafos de norteamérica, ahí estaba él. Puede que por sus retratos de los pies de Rudolph Nureyev, o por su visión de Eisenhower como un apacible anciano, pero lo cierto es que se lo merecía. Y basta de palabras. Que una imagen, en estos casos, vale más que mil de esas. Nunca es tarde si la dicha es buena, así que quizá sea hora de descubrir su fotografía.