jueves, noviembre 25, 2004

QUE LO TIRAMOS

España está de moda fuera de nuestras fronteras. No es que se lleven los temas rojigualdos en la pasarela de París, ni que Raphael triunfe en los pubs mas in de Berlín. Si os acordáis (se que no lo hacéis, y por eso resucito el tema) hace un par de meses ya lo mencionaba en otro post: El cine español está que rompe. Empecemos:



Mar Adentro se estrena en wide release (o sea, en tropecientas salas) en un par de semanas en los EEUU, y mientras, está haciendo agostos varios por Europa. Cantidad de propaganda, una Coppa Volpi y un León de Plata, el director de Los Otros, un nominado al oscar como prota... este extraño pudding (por lo menos para los que no la han visto), que en realidad es una crema muy fina, tiene todas las de ganar, al menos entre los que no se conforman con la última de Vin Diesel o el nuevo petardo de Meg Ryan.



Spanglish es la comedia romántica de las navidades: en la última peli del multioscarizado James L. Brooks, aparte del título, tenemos a la última promesa en Hollywood made in Spain: Paz Vega. La chiquilla ex-7 vidas, que últimamente daba pena por su tierra con bodrios de la calaña de Di que Sí, se pone junto a Adam Sandler y Tea Lèoni -miedo- para interpretar a una especie de Amèlie mexicana que le cambia la vida a la gente por arte de birlibirloque. Es muy probable que sea un bodrio como los que hacía aquí, pero le habrán pagado el triple y se hará quince veces más famosa. Y van...



El maquinista es la última peli de la Fantastic Factory, y en espera de su estreno, parece que la primera buena. El film, de producción totalmente española, está protagonizado por Christian Bale (American Psycho), Jennifer Jason Leigh (Camino a la Perdición) y Aitana Sánchez-Gijón (Los 80). Están llegando buenas críticas del otro lado del Atlántico, y, como aquí nos caracterizamos por nuestra economía de medios, la peli ya ha recaudado unas cuantas veces lo que costó. Y que aprenda Peter Jackson. El pobre Bale ha perdido un 50% de su masa corporal para interpretar a un hombre que no ha dormido en un año, pero en las fotos se parece más al mítico Paco el Flaco. Pobrecito.



La moda cañí continúa, el imperio contraataca. Qué decir de La Mala Educación. Se estrenó el pasado viernes en Nueva York, y dentro de nada en Los Angeles (no todos son Amenábar, y Pedro se ha conformado con un limited release), y está gustando, como en España, pero como en los USA no hay casi católicos no ha habido protestas y esa publicidad que se ha perdido. No como en España. Que nos tengan que enseñar los yanquis, que no saben casi de nada, a tratar nuestro cine... de pena.

martes, noviembre 23, 2004

LA SOMBRA DE AMÈLIE ES ALARGADA



Vuelven los preestrenos a la facultad de ciencias de la información, y lo hacen por todo lo alto: Esta mañana, los afortunados pacientes que ayer conseguimos una entrada, hemos podido ver Largo Domingo de Noviazgo, la nueva película de Jean-Pierre Jeunet, director del bombazo europeo de hace un par de años: Amèlie. La cinta -de estreno en España el 28 de enero- está protagonizada por Audrey Tatou (la chiquilla de Montmartre), Dominique Pinon y Ticky Holgado entre otros. Innumerables actores (franceses y alguna sorpresa norteamericana) pueblan esta épica historia de esperanza, romance y búsqueda sin tregua. Quizá la mayor tara del film venga implícita en su título, y es que hubieran sido de agradecer unos treinta minutos menos. Demasiado largo este noviazgo (fiançaille en francés, algo así como compromiso, pero el título original es una expresión francesa, así que dejémoslo estar), con sus 140 minutos. No es nada desdeñable, y visualmente es para quedarse boquiabierto, una especie de Amèlie cruzada con Cold Mountain y Chocolat, pero adolece del ritmo de su predecesora, y vuelve a dejar al descubierto el gusto por las historias lentas y muy densas (La ciudad de los niños perdidos, Delicatessen) de su director.



Digamos -por no contar mucho- que Mathilde es una chiquilla que espera en su pueblo natal a tener noticias de su prometido, que en la guerra (la Primera Mundial) fue condenado a muerte, pero no se dio acta de su defunción. La esperanza es un hilo cada vez más fino ("si se corta, me ahorcaré con él", dice Mathilde), y decide no quedarse sentada en casa, para tomar las riendas de la investigación. Muchísimos personajes y situaciones le esperan, en forma directa o de narración, que aunque complican la historia (que como espectador y desconocedor de la lengua gabacha a veces se me ha hecho un peu difícil de seguir) no hacen más que esperanzar a la joven. Es como si los diez minutos en que en Amèlie la prota busca al señor Bredotèau por París se convirtiesen en dos horas y casi media, sucediesen en 1920 y tuviésemos más planos de helicóptero. Técnicamente la peli es de 9 y medio, la foto es genial (ver imágenes) y la música de Angelo Badalamenti le va como anillo al dedo a la historia, aunque suene un poco a "ya oída". Asi que nada, a apoyar el cine europeo (aunque Francia no lo necesite), y a quedarse boquiabiertos con los paisajes de Bretaña y con la guapísima Tatou, que "hay otro modo de hacer las cosas". No todo va a ser Jolibú, piun-piun y ¿bailamos?.

lunes, noviembre 22, 2004

EN LOS LÍMITES DE LA RAZÓN

Algunos se hacen esperar (incluso más que yo) para volver: más de tres años han pasado desde que Bridget Jones entrase (bragas XXL incluidas) en nuestras vidas, en algunos casos -como el mío- para quedarse. Ya conocíamos al personaje literario, que alumbraba Helen Fielding en 1997, levemente más crudo que el cinematográfico, paradigma de la soltera inglesa de 33 años. Pero no fue hasta que en 2001 Renée Zellweger se metiera en su piel, dirigida por Sharon Maguire y acompañada de Hugh Grant y Colin Firth, que un servidor quedó perdidamente enamorado de ella. De aquella película hablaremos, pero hoy no toca. La razón: el viernes pasado se estrenó -¡por fin!- la segunda entrega de las aventuras en el celuloide de la reina británica del café y los cigarrillos.



El equipo técnico repite casi al completo -salvo el importante cambio de realizadora, que en esta ocasión es la más veterana Beeban Kidron- y el cásting original se conserva (atención a Colin Firth, que cada vez me parece mejor actor). Como viene siendo la tónica general en las segundas partes recientes, aquí tenemos una secuela de más de lo mismo: se supone que hay más medios, tenemos más metraje, nuevos personajes, la historia da muchísimas más vueltas, e incluso Bridget está más entrada en carnes. Pero ese más -como siempre- significa menos. No voy a engañar a nadie (hoy no): la peli es sensiblemente inferior a la primera. Ya no hay descubrimiento, ni esa frescura en los diálogos, ni esa encantadora sencillez de la protagonista: parece que Bridget hubiese asumido su papel de estrella. Aún así, y por seguir con la sinceridad que me invade, he de decir que disfruté como un enano: cuando uno es incondicional... No quiero destripar nada, pero el tour de force de esta segunda Bridget se guarda unas cuantas risas en la manga. Y si encima puedes verla en v.o. (gracias, cines Ideal, por estar siempre ahí) mejor que mejor. ¿A quién se le ocurrió traducir el genial título Edge of reason por Sobreviviré? No lo sé. Fanáticos de la comedia romántica, reuníos: Working Title ya ha estrenado su bombazo navideño, y este año "el amor, en realidad, NO está en todas partes". Al menos, no en Tailandia.