martes, noviembre 23, 2004

LA SOMBRA DE AMÈLIE ES ALARGADA



Vuelven los preestrenos a la facultad de ciencias de la información, y lo hacen por todo lo alto: Esta mañana, los afortunados pacientes que ayer conseguimos una entrada, hemos podido ver Largo Domingo de Noviazgo, la nueva película de Jean-Pierre Jeunet, director del bombazo europeo de hace un par de años: Amèlie. La cinta -de estreno en España el 28 de enero- está protagonizada por Audrey Tatou (la chiquilla de Montmartre), Dominique Pinon y Ticky Holgado entre otros. Innumerables actores (franceses y alguna sorpresa norteamericana) pueblan esta épica historia de esperanza, romance y búsqueda sin tregua. Quizá la mayor tara del film venga implícita en su título, y es que hubieran sido de agradecer unos treinta minutos menos. Demasiado largo este noviazgo (fiançaille en francés, algo así como compromiso, pero el título original es una expresión francesa, así que dejémoslo estar), con sus 140 minutos. No es nada desdeñable, y visualmente es para quedarse boquiabierto, una especie de Amèlie cruzada con Cold Mountain y Chocolat, pero adolece del ritmo de su predecesora, y vuelve a dejar al descubierto el gusto por las historias lentas y muy densas (La ciudad de los niños perdidos, Delicatessen) de su director.



Digamos -por no contar mucho- que Mathilde es una chiquilla que espera en su pueblo natal a tener noticias de su prometido, que en la guerra (la Primera Mundial) fue condenado a muerte, pero no se dio acta de su defunción. La esperanza es un hilo cada vez más fino ("si se corta, me ahorcaré con él", dice Mathilde), y decide no quedarse sentada en casa, para tomar las riendas de la investigación. Muchísimos personajes y situaciones le esperan, en forma directa o de narración, que aunque complican la historia (que como espectador y desconocedor de la lengua gabacha a veces se me ha hecho un peu difícil de seguir) no hacen más que esperanzar a la joven. Es como si los diez minutos en que en Amèlie la prota busca al señor Bredotèau por París se convirtiesen en dos horas y casi media, sucediesen en 1920 y tuviésemos más planos de helicóptero. Técnicamente la peli es de 9 y medio, la foto es genial (ver imágenes) y la música de Angelo Badalamenti le va como anillo al dedo a la historia, aunque suene un poco a "ya oída". Asi que nada, a apoyar el cine europeo (aunque Francia no lo necesite), y a quedarse boquiabiertos con los paisajes de Bretaña y con la guapísima Tatou, que "hay otro modo de hacer las cosas". No todo va a ser Jolibú, piun-piun y ¿bailamos?.