domingo, diciembre 26, 2004

LAS PASIONES SE DESATAN

El clima estaba cambiando... 1973 fue el año de la revolución sexual en EEUU. Los sesenta lo venían anunciando, con su minoritario free love, las píldoras anticonceptivas y la felicidad de poder follar sin miedo al SIDA.
Tomemos las vidas de dos familias medias americanas de New Canaan, Connecticut. Los Hood (el matrimonio Ben y Elena, y sus hijos Paul y Wendy) y los Carver (Jim, Janey, Mikey y Sandy). Ya tenemos la base de La Tormenta de Hielo.



Digamos que Ben Hood (Kevin Kline) tiene una aventura con Janey Carver (Sigourney Weaver), y Wendy Hood(Christina Ricci) está enrollada con Mikey Carver (Elijah Wood), aunque quien de verdad le pone es el pequeño Sandy (Adam Hann-Byrd). Paul Hood (Tobey Maguire) estudia en Nueva York, y la noche de Acción de Gracias, coge un tren hacia la gran ciudad, decidido a perder la virginidad con su compañera de clase Libbets (Katie Holmes), aunque el flirteo con las drogas caducadas se lo va a poner difícil. Elena Hood (Joan Allen) se entera de que su marido se la está pegando, y, en una fiesta de intercambio conyugal, se la va a devolver con Jim Carver (Jamie Sheridan). Esa noche, en la que se va a desencadenar la tormenta de hielo más severa de la década, nuestros protagonistas van a estar más calientes que nunca. Los sentimientos -sobre todo, el de deseo- van a estar a flor de piel. Unas pocas horas van a llevar a cada uno a situaciones inimaginables, que lo único que van a tener en común es el que acabarán mal (algunas, mucho peor que otras).



El reparto de lujo es sólo uno de los pilares que sostienen esta obra maestra de 1997. La historia es fascinante, desarrollada por un guión de James Schamus (entre otras cosas) que roza la perfección. Es una película desasosegante, eso sí, con un ritmo calculado al milímetro para que la acción te vaya atrapando, y el final te golpee como una bofetada en la cara. La película es muy fría ( y esto vosotros decidís si es bueno o malo), como la tormenta que azota el pueblo de los protagonistas, pero sólo con el distanciamiento podemos contemplar, sin juzgarlas, las glorias y miserias, casi todas relacionadas con la carne, de estos personajes. Era trabajo para un no-americano: El chino Ang Lee (uno de los directores más respetados de su país, con Sentido y Sensibilidad o Tigre y Dragón a las espaldas) se encargó de la adaptación de la novela homónima de Rick Moody, y no le fue nada mal. Unas imágenes bellísimas ilustran esta enciclopedia de las disciplinas sexuales, que en realidad es una reflexión (muy) profunda sobre la esencia de la familia...o de la familia como esencia de la vida. Menciones honoríficas -no me quiero dejar a nadie- para la música de Mychael Danna y para la foto de Frederick Elmes.
Queda altamente recomendada, para pasar un buen rato de cine y un largo rato, posterior, de intentar darle un poco de aplicación práctica. Veréis como después no podéis mirar a vuestros padres, hijos, hermanos, amantes, esposos... con los mismos ojos.