viernes, marzo 04, 2005

SEXO Y LA CIUDAD



Miranda está todo el día de mala leche, y es que ser la única abogada de tu bufete marca el carácter. Charlotte sólo quiere encontrar a "míster perfecto" y echarle el lazo, por un buen hombre cambiaría hasta de dios. Samantha se tira a todo lo que tiene tres patas, e incluso a cosas algo más raras... y también está Carrie. Carrie Bradshaw escribe todos los miércoles la columna Sex and the City en el diario New York Star, cada semana investigando sobre un aspecto del sexo, del amor, de las relaciones interpersonales (del tipo que sean). Porque el sexo de Sexo en Nueva York -chirriante traducción de un estupendo título original- no lo es en el sentido que la gente que no ha visto la serie se imagina: es el aspecto psicológico, sociológico (humano) de la sexualidad. No es que la serie sea un documental, o un reflejo claro de lo que piensan las mujeres (al menos de las que yo conozco). Pero esta obra de ficción, que camina con cuasiperfecto equilibrio entre el humor más mordaz y el culebrón lacrimógeno de después de comer, te hace pensar (en mayor o menor medida) sobre aspectos muy importantes del tema al que más páginas, fotogramas y palabras al cielo ha dedicado el hombre desde que es ídem: lo díficil de la relación entre hombres y mujeres. Como buen oráculo del S. XXI, también tuvimos relaciones entre personas del mismo sexo, pero el rollo es siempre el mismo: la soledad en que se puede encontrar uno en medio de una bulliciosa fiesta o lo gozoso de dormir con la persona amada al lado, aunque sea en el continente de al lado.



Darren Star dedicó su juventud a escribir para joyitas de la televisión como Melrose Place. A principios de los 90 consiguió encajar en la parrilla su primer "creado por", Central Park West, que ahora sabemos que no era más que un bosquejo de la comedia que nos ocupa. En 1997, tuvo la gran suerte de que Sarah Jessica Parker se interesara por sus guiones de Sexo en Nueva York, basados en el libro de la columnista (ésta real) Candance Bushnell, y decidió ser productora; poco después, se vio con fuerzas para dar vida a la protagonista. Cabe destacar que en esta serie la jerarquía habitual estaba levemente alterada, y en los sets se bromeaba con que primero iban los escritores; luego, los actores; y en un tercer e instrumental lugar estaban los directores. Tras meses de reescrituras (en cinco se establecieron los guionistas habituales, liderados por Star), cásting -acertadísimo-, y localizaciones, se rodó el episodio piloto. Todo era más cutre y menos glamuroso y agudo que lo que vendría después, pero allí ya estaba el germen de la serie. La HBO (ya le dedicaremos un post a esta emisora/productora, que tanto bien ha hecho a la ficción televisiva) se lanzó a la piscina y financió el rodaje de once episodios más: a finales del 98 se estrenaba la primera temporada. Poco tardó en convertirse en exitazo: la gente de a pie comentaba en sus reuniones episodios como el del conejo, o vivía el interminable toma y daca entre Carrie y Mr. Big. Fueron seis temporadas y noventa y cuatro episodios en total, que culminaron hace ahora un año con un episodio -con Carrie entre París y su verdadero hogar- que batió récords de audiencia y mantuvo a más de uno (dentro y fuera de la trama) con el corazón en vilo. En esos seis años la serie evolucionó, como lo hicieron sus personajes, y cualquiera en esa difusa frontera entre los treinta y pico y los cuarenta y pocos. Fue madurando, y emocionando cada vez más, mientras Samantha superaba un cáncer de mama, Charlotte se hacía judía para casarse con su abogado divorcista o Miranda se replanteaba toda su vida a raíz del nacimiento de su primer hijo. Pero mantuvo su sentido del humor inteligente y sus reflexiones acerca del tema básico, su "principio fundacional": nuestras vidas giran en torno al sexo (que no al follar). Es posible que, si le damos un poco de sentido a éste, consigamos ser -un poquito- más felices.
Por si alguien quiere conocer -o reencontrar- a estas cuatro chicas, pasearse por "la ciudad que nunca duerme" o simplemente saber cómo se hace tele de la buena, se puede pasar por Antena 3 de martes a jueves, a eso de las 2 de la noche.