viernes, abril 08, 2005

RINGS A GO-GO (1/2)

Érase que se era una cinta de vídeo que, una semana después de ser vista, le causaba la más terrible de las muertes al ya previamente acojonado espectador. Un buen día –no recuerdo muy bien a qué lado del Pacífico sucedió esto- el casete en cuestión cae en manos de una intrépida periodista que, tras verla y ser consciente de que el reloj corre en su contra, decide tomar las riendas del asunto y desvelar el misterio. Caballos agonizantes, niña tirada pozo abajo, madre suicida… con todos estos elementos más el hijo de la prota (una mezcla entre el físico de Joselito y la personalidad de Miércoles Addams), comprenderéis que medio mundo haya saltado ya en la butaca con esta historia.

Es la premisa con la que, en 1998, el director japonés especializado en terror hipersofisticado Hideo Nakata dirigiera Ringu, que en el resto del mundo se conocería como The ring. Era bastante novedosa y con una factura notable, con lo que no tardó en triunfar en su tierra. Poco después las copias de la peli comenzaron a colonizar otros mercados, más rápido que la cinta maldita de la película. Ya sabemos cómo son los japos cuando algo suyo triunfa (¿alguien ha contado cuántas pelis de Godzilla hay?), así que en el 99 Nakata dirigía Ringu 2. Otro año después se alumbró la precuela –absolutamente innecesaria- Ringu 0… el holding ya estaba creado. Fuera del control del director de las 2 primeras comenzaron a surgir subproductos directos a vídeo de la talla de Ringu Spiral. Pero el negocio estaba (está) en las tres originales.
2001, Estados Unidos. Las pelis japonesas son populares en América. Todo lo populares que pueden ser allí unos títulos que nunca estarán nominados a mejor película de habla no inglesa en los Oscar. Su mercado se limita forzadamente a videoconsumidores y freaks de todo tipo. Las productoras (más concretamente la Dreamworks, de Spielberg) ven el negocio potencial. No es, por supuesto, estrenarlas en salas tal cual: imagínate a los paletos del último pueblo de Louisiana viendo el sábado por la noche una peli llena de asiáticos…a algún veterano le da el síndrome segundaguerramundialesco y acaba la proyección como el rosario de la Aurora. Ni hablar. Si de verdad queremos sacar dinero, cogemos el doble de lo que costó la original, contratamos a la rubia de turno (que en este caso es una buena actriz como Naomi Watts, pero eso es eventual), un dire de encargo y a correr. Y así fue. No es la primera vez que hacían esto (recordad Abre los Ojos o La jaula de grillos), y entre lo poco proteccionista de los mercados europeos y la ignorancia general de la existencia de versiones originales, estas pelis siguen rentando en Europa como cualquier blockbuster de turno.

Pero que conste que no me indigno (ya habrá un post dedicado al remake americano, para qué adelantar acontecimientos). En la segunda parte, la historia de esta pescadilla que se muerde la cola llamada The Ring llega hasta nuestros días y critico las dos americanas (las pelis, no el fenómeno). Muy pronto.