domingo, junio 05, 2005

CELINE, JESSE Y VIENA


Hace más de diez años, el -ahora respetado- director Richard Linklater pasó una noche paseando por Philadelphia y hablando (de lo divino y lo humano) con una mujer que acababa de conocer. Ignoro qué fue de ellos como pareja, pero se que él tuvo la necesidad de escribir un guión con todo lo que le había inspirado esa noche: la casualidad de conocer a tu otra mitad, la necesidad de mantener esa primera conversación para siempre, la primera despedida. En 1995 las conversaciones interminables y el paseo nocturno se hicieron realidad, y se estrenaba Antes del Amanecer. Las cosas habían cambiado un poquito: los protagonistas eran ahora Jesse y Celine, un turista americano y una estudiante francesa que, por casualidad, se conocen en el tren Budapest-Viena. Ella regresa a París, pero conectan y deciden pasar juntos en la capital austríaca la última noche de Jesse en Europa. Poco más puedo contaros, ya que aquí empieza una de las historias de amor más peculiares y bellas del cine de la generación X -de la que tanto se habló hasta que supimos que no era nada-, que no esconde ninguna sorpresa. Ahí reside su grandeza. No nos engañemos, la historia es tan utópica como la de cualquier otra película romántica, pero la sencillez de la narración y lo bien definido de los personajes la hacen un 300% más creíble e interesante que la media. Junto a la belleza de Viena y al buen guión (de Linklater y Kim Krizan) aparece el tercer pilar que hace una pequeña joya a esta película: los protas están interpretados por un par de actorazos. Ethan Hawke, al que conocimos de muy joven en El Club de los Poetas Muertos para pronto convertirse en el niño prodigio del cine indie es Jesse, y la sublime actriz francesa Julie Delpy (que lo mismo hace Blanco con Kieslowski que Un Hombre Lobo Americano en París) da vida a Celine.
Una hermosa peliculita para disfrutar, con amigos o pareja, en su versión original, y emocionarse un poco bastante. Aunque la historia es universal y atemporal, la gente que coincida en edad o gustos con Delpy, Hawke o Linklater puede descubrir millones de referencias culturales de la época. Quién coincida en edad con los protas, podrá soñar durante una hora y media que a él/ella también le puede pasar.

Lo grande del primer encuentro es que sólo se produce una vez. A medida que la noche avanza en Viena (y se acerca el terrible momento en que Jesse tenga que tomar su avión, al amanecer) el amor se va haciendo más fuerte. Lo que a pocos les cuesta años y muchos no consiguen en la vida, se va dando en unas pocas horas...pero a la vez va creciendo el miedo. El miedo de intercambiar teléfonos y que las llamadas vayan mermando, o verse un par de veces más y decidir que aquella noche no fue más que un bonito espejismo, se cierne sobre los dos. Se llegan a plantear el uno al otro no verse más, y conservar para siempre éste como uno de los más bellos pasajes de sus -hasta entonces- cortas vidas. Pero en una despedida auténtica, junto al tren a París de Celine (el director prefirió la fotogenia de una estación ferroviaria frente a la frialdad de un aeropuerto), se prometen, casi desesperadamente, volverse a ver, en ese mismo lugar, seis meses después. ¿Se reencontrarán Jesse y Celine?
Pues sí, pero en París y nueve años después. Yo no os haré esperar tanto, pero mejor lo dejamos para otro día.

1 Comments:

Anonymous nat said...

pues eso, que espero impaciente el momento de ver la peli juntos!!!
un besazo

10:09 p. m.  

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