jueves, julio 28, 2005

PRIMER ANIVERSARIO

Cómo pasa el tiempo. Hace ya un año que estaba yo aburriéndome una tarde veraniega (¿será un dejà vu?) y se me ocurrió crear este blog. La entrada/celebración no va a ser muy larga porque este cumpleaños me pilla en un estado de salud más que lamentable, pero no quería dejar de agradecer a todos los que alguna vez os habéis dejado caer por estos lares. En especial, muchísimas gracias a todos los lectores habituales (los conocidos, los otros blogueros o los que llegaron por alguna triste casualidad de google) porque sin vuestras visitas, vuestro interés y vuestros comentarios (ya los que comentáis es que os salís) Puñaladas habría chapado hace ya muchos meses. Parecía que un blog sin fotos indiscretas, historias sórdidas de mi vida privada y con un monotema tan claro tenía los minutos contados. Pero váis vosotros y lo leéis. Espero que disfrutéis con el blog la mitad que yo escribiéndolo, o que, alguna vez, os pique el gusanillo por ver una peli o una serie. Yo ya me doy con un canto en los dientes.
Nada más. Que lleguemos a cumplir dos.

miércoles, julio 27, 2005

LÍNEAS PARA RECORDAR (XVII)

Profesor Strowski: Ahora estoy aquí, enviado para llevarle a casa.
Dr. Eric Vornoff: Casa... yo no tengo casa. ¡Perseguido, desterrado, viviendo como un animal! La jungla es mi casa. ¡Pero le mostraré al mundo que puedo ser su Señor! Perfeccionaré mi propia raza de personas. Una raza de superhombres atómicos... ¡que conquistará el mundo! ¡Ha ha ha ha ha!

La Novia del Monstruo (1955)
Escrita y dirigida por Edward D. Wood Jr.

viernes, julio 22, 2005

TRABAJANDO EN ELLO

El pasado domingo acababa la duodécima temporada de 7 Vidas (sexta en realidad, porque se producen dos hornadas de capítulos por año, y porque la serie se emite desde 1999). Lo hacía con uno de los mejores capítulos de toda su historia. Me alegra (por lo oído/leído) no ser el único que ha hecho esta apreciación, y es que fue una hora impagable de puro descojono televisivo. Los creadores de ficción para la tele en España se están poniendo las pilas (a marchas forzadas) al ver que cada vez llegan mejores series de América, que se pueden comer al producto patrio. Porque la gente no es gilipollas y elige ver historias que avanzan, comedias inteligentes o misterios difíciles de resolver; si la comedia española de turno es igual en cada capítulo al anterior, o retrata estereotipos sobre los españoles que el cine abandonó hace ya veintypico años... Pues bien, en esa parte del imaginario colectivo español que es 7 vidas se han marcado un season finale de lo mejorcito. Las grandes series nos han enseñado que el final de la temporada debe ser un episodio especial, más intenso de lo normal. Está bien cambiar el escenario habitual si es una sitcom (véase Friends), se puede aprovechar para despedir o incluir personajes, y el final debe cumplir las expectativas a las que dirigía la temporada que concluye, así como dejar alguna nueva incógnita o cabo suelto para que tras el verano el público muerda el anzuelo desde el principio. Hay que ver lo que hacen, en televisión, unos buenos guionistas y unos buenos actores. No es que el resto del equipo esté allí tocándose las narices, pero ésos son los dos pilares fundamentales de una serie (donde la dirección, aunque imprescindible, queda relegada a un segundo plano). Hacen que una serie como la tratada, que comenzó como la historia de un tío que despierta tras veinte años en coma, continúe tantos años después sin ninguna línea argumental fija. Es lo que tienen las comedias de situación, que prima la misma sobre todo. Incluidos los personajes. Y parece que ninguna baja es letal, porque de los protas originales sólo queda ya Amparo Baró (y sus collejas a diestro y siniestro).
Volviendo al último capítulo -hasta el momento-, llegamos al clímax de una temporada bastante buena (al contrario que la anterior), el día de la esperada boda de Sergio y Vero. Diana sólo consigue cita en la mejor peluquería de Madrid dos días antes, y tendrá que ingeniárselas para mantener intacto su estrafalario peinado. Sole descubre que oficiará la ceremonia un cura que le prohibió la entrada al templo hace años. Gonzalo y el Frutero se apuestan a ver quién consigue pareja antes para la boda, pero cuando el Frutero liga con una chica bastante guapa, Gonzalo se empeñará en demostrar que es una puta. El hermano de Sergio, Pablo, sigue enamorado de Vero pero ésta tiene que hablar con él y dejarle las cosas claras. Sergio escucha la conversación y cree entender que se han acostado, por lo que decide presentarse a la boda borracho perdido. Una boda en la que todo salió mal. Y que me dejó ávido de que estos chicos vuelvan el curso que viene, a vivir su séptima vida, y las que haga falta.

jueves, julio 14, 2005

DÍAS DE VERANO

Parece que en verano todo se idiotiza hasta extremos insoportables: la programación de la tele, la cartelera de cine, el comportamiento de la gente en las piscinas y/o playas... este blog no iba a ser menos. Si no se idiotiza, por lo menos se relajará en lo que a posteos se refiere. Es que aguantar los cuarenta gradazos a la sombra de la capital castellanoleonesa (aunque los de Madrid tampoco se quedan atrás) tiene su mérito. Cansa hasta teclear... Y como yo soy yo y mis circunstancias, aquí expongo algunas de ellas para deleite de muy pocos. Como es natural, empezaré por el principio:

Entre los días 5 y 8 de este julio se ha llevado a cabo la grabación del cortometraje Praesentir, de Gustavo Prieto en distintos lugares de Valladolid, aunque principalmente en una casa de Parquesol. Fueron cuatro días de trabajo duro (el de los otros), frases míticas y aprender mucho. En las esquinas y ángulos muertos de cámara es donde se me podía encontrar, aparte de por lo del aprendizaje y el fisgoneo porque se me había encargado ser testigo visual del rodaje. Más de dos horas de vídeo tengo para montar un making of que no debería durar más de un quince minutos. A ver como sale la cosa. También fueron días de cine (aunque sin Antonio Gasset): el cine que se hacía, del que se hablaba -cada dos por tres- y el cine que se vio.

Estoy hablando del último trabajo de Isabel Coixet (que no es La Vida Secreta de Las Palabras): gracias a una feliz coincidencia de cásting, pudimos ver en primicia el spot de 60 segundos que la directora catalana ha realizado de encargo para la Seminci por su quincuagésimo aniversario. Bajo el lema "50 años amando el cine" recorremos unas cuantas conversaciones que inventan una utópica relación entre los vallisoletanos y el cine. Está muy bien hecho y como anuncio (si hay dinero para programarlo) puede funcionar. Pero como todo lo bonito, es mentira.
En otro orden de cosas, desde la semana pasada tenemos en casa Digital+, y es un agobio. Hemos pasado de no tener qué ver a no saberlo. Porque hay tres películas buenas a la vez (supongo que como todas son repetidas, este problema irá desapareciendo), porque unas se solapan con otras en el tiempo, porque algunos quieren series y otros pelis... Los mejores canales: Fox ( por sus series americanas), Paramount Comedy (por La Hora Chanante), Cartoon network (por fin descubrí a Bobobó, o las Supernenas). Esos y, por supuesto, todos los de cine.

He vuelto a engancharme a las cursis Chicas Gilmore y a los geniales Fisher de Six Feet Under. Y necesito urgentemente los capítulos (sin anuncios y en orden) de Desperate Housewives... que me han gustado, como a media España desde que empezaron a darlos en la primera, aunque me marean un poco. Es que no es normal que pasen tantas cosas en un mismo capítulo. Al final de cada uno tengo una sensación de dazed and confused que no me gusta mucho, aunque luego sea precisamente la razón por la que quiero ver más. Que en Norteamérica sí que hay gente que sabe cómo hacer buena tele, vaya.
De pelis ya hablamos otro día, que no sabría por dónde empezar. Además, se acercan inexorablemente el primer aniversario del blog y mi vigésimo cumpleaños. Permaneced en sintonía.

jueves, julio 07, 2005

DOBLARSE, PERO NO ROMPERSE

Lo más fascinante de los juncos salvajes es su resistencia. Gracias a su complexión flexible y a su obstinado agarre a la tierra, soportan las peores inclemencias meteorológicas, contorsionándose hasta extremos impensables, pero nunca quebrándose. Aunque parezcan el hierbajo más insignificante de la campiña, aguantaron el huracán que se llevó a los robles centenarios. Con esta bonita figura se puede comparar a los personajes de la peli del mísmo título (Los Juncos Salvajes, 1994) del director galo André Techiné.

Estamos en un pueblecito francés a orillas del Garona en el verano de 1962. De fondo, la guerra de Argelia, que a tantos jóvenes se está llevando. Maïté (la joven y prometedora Élodie Bouchez) es una chiquilla de 16 años y fuertes convicciones comunistas. Vive cerca del internado de los chicos, donde pasa sus días François, su mejor amigo, con el que gasta casi todo su tiempo. Aunque todos crean que están saliendo, no es así. François está descubriendo con estupor su homosexualidad, y no duda en pegarse un revolcón con uno de sus compañeros más atractivos, Serge. Pero Serge no tiene las cosas tan claras -o las tiene muy claras- y tras esa noche juntos pasa del amigo en pos de la bella Maïté, ahora que sabe que tiene el campo libre. El último en entrar en escena será Henri, un pied-noir (francés nacido en Argelia) que se va a interponer entre la chica y Serge, que está a punto de recibir malas noticias desde el frente.

Es éste un film en el que se retrata con crudeza y naturalismo una de las etapas de la vida más incomprendidas (cuando no ignorada) por el arte: la adolescencia. Cuando quiere y como le parece, Techiné nos cuenta cosas de su propia juventud, tocando como pocas veces se ha hecho un tema tan delicado como es el descubrimiento de la propia homosexualidad. No sin razones y con más motivos que otras que han seguido el mismo camino, se ha convertido en un estandarte del (quizá erronamente llamado, por simplismo) cine gay. En esa época de revolución sexual, prematuridad política y muertes en la guerra, nos colamos en las vidas de estos cuatro jóvenes que no reparan en ser "testigos de su tiempo" por estar demasiado ocupados en vivir al máximo sus mejores años, cuando no los últimos. El inocente François hará de guía por estas cuatro historias y un puñado de ellas más, con su propia aventura de descubrimiento personal. No tienen desperdicio -con respecto al tema homosexual- las escenas con el zapatero del pueblo, y, por supuesto, el clímax (dramático y estético) de la peli, en el río.

Un título muy recomendable (por su calidad como película, pero también por su sinceridad) para ver y celebrar que desde hace una semana todos los españoles somos un poquito más iguales. ¿O más diferentes? Ya me entendéis.

sábado, julio 02, 2005

¡HUYAMOS!


Hace poco tuve un sueño, que tenía hasta estructura de película. Os lo cuento así resumidamente: en su afán desmesurado por hacer más y más publicidad de su título estrella del verano, la distribuidora de La Guerra de Los Mundos, de Spielberg, traía a España las naves de la película (que habían construído con total funcionalidad) para una espectacular demostración en algún sitio al aire libre, cerca de Madrid. (Nota: esto no es un delirio del todo, tiene el fundamento real de que hace nada trajeron el Batmóvil para promocionar Batman Begins). Todo iba según lo previsto hasta que, en una escena similar a la de King Kong, las naves -que se dirigían solas- decidían que hasta ahí habían llegado, y que no eran el juguete de nadie. Rebelión. Se dirigían hacia el centro de la capital destrozando todo a su paso, y haciendo estallar, literalmente, a cualquiera que se les cruzase. Exterminio. Los pocos que quedábamos vivos nos organizábamos de mala manera y nos ocultábamos en el sótano de unos grandes almacenes. Éramos la resistànce y teníamos un líder (cosas de los sueños, era mi primo Alberto gritando todo el rato en plan Rambo). Peor todavía se ponen las cosas cuando las naves aprenden a reproducirse en número construyendo más -si un velocirraptor puede abrir una puerta... Al principio había esperanza, pero mientras unos y otros salían a luchar para no volver, nos concienciábamos -entre el sonido de las balas de los suicidas- de que no había nada que hacer y de que éramos los primeros de los últimos. Toda la especie humana estaba a punto de ser aniquilada.

Todo esto, por supuesto, lo soñé antes de ver la peli en cuestión. Si la propaganda de verdad (que no ha sido asesina pero sí bastante plasta) ya me había condicionado bastante, ahora encima tenía motivos inconscientes para pagar mis cinco euritos y sentarme frente al último producto del "Rey Midas de Hollywood".
Ya ves, no es por echarme flores, pero la alucinación nocturna en cuestión tiene más mensaje (los peligros de demasiada exposición a la publicidad es un ejemplo), mejor estructura (aquí el final es coherente con el resto de la historia) y personajes menos planos (salgo yo) que la mediocridad que ha filmado Spielberg. Muy mal Stevie, cada vez peor... No me quejo de que la película sea sólo correr, o que no se den razones de por qué sucede todo. Al contrario, eso me motivaba, y tengo que admitir que hay un par de secuencias en las que la sensación que esperaba encontrar en toda la peli -la que me asaltaba continuamente en mi sueño- se atisba. Pero en general es un coñazo inconmensurable, los personajes son de tebeo en el mal sentido y hacia el final todo empeora. No para los protagonistas, sino para el espectador. La película acaba (no os asustéis) con Juan saliendo del cine y maldiciendo contra el señor que le hizo pasar algunos de los mejores ratos de su vida, como E.T. o Parque Jurásico. Pero vamos, que a lo mejor me pongo y escribo el guión para hacer mi spin-off de La Guerra de Los Mundos (jo, hay que pagar derechos al finado H. G. Wells y al forrado Spielberg). Si alguien que lea esto tiene cien millones de euros sueltos y no sabe en qué gastarlos, la peli la puedo tener para finales de 2006.