jueves, julio 07, 2005

DOBLARSE, PERO NO ROMPERSE

Lo más fascinante de los juncos salvajes es su resistencia. Gracias a su complexión flexible y a su obstinado agarre a la tierra, soportan las peores inclemencias meteorológicas, contorsionándose hasta extremos impensables, pero nunca quebrándose. Aunque parezcan el hierbajo más insignificante de la campiña, aguantaron el huracán que se llevó a los robles centenarios. Con esta bonita figura se puede comparar a los personajes de la peli del mísmo título (Los Juncos Salvajes, 1994) del director galo André Techiné.

Estamos en un pueblecito francés a orillas del Garona en el verano de 1962. De fondo, la guerra de Argelia, que a tantos jóvenes se está llevando. Maïté (la joven y prometedora Élodie Bouchez) es una chiquilla de 16 años y fuertes convicciones comunistas. Vive cerca del internado de los chicos, donde pasa sus días François, su mejor amigo, con el que gasta casi todo su tiempo. Aunque todos crean que están saliendo, no es así. François está descubriendo con estupor su homosexualidad, y no duda en pegarse un revolcón con uno de sus compañeros más atractivos, Serge. Pero Serge no tiene las cosas tan claras -o las tiene muy claras- y tras esa noche juntos pasa del amigo en pos de la bella Maïté, ahora que sabe que tiene el campo libre. El último en entrar en escena será Henri, un pied-noir (francés nacido en Argelia) que se va a interponer entre la chica y Serge, que está a punto de recibir malas noticias desde el frente.

Es éste un film en el que se retrata con crudeza y naturalismo una de las etapas de la vida más incomprendidas (cuando no ignorada) por el arte: la adolescencia. Cuando quiere y como le parece, Techiné nos cuenta cosas de su propia juventud, tocando como pocas veces se ha hecho un tema tan delicado como es el descubrimiento de la propia homosexualidad. No sin razones y con más motivos que otras que han seguido el mismo camino, se ha convertido en un estandarte del (quizá erronamente llamado, por simplismo) cine gay. En esa época de revolución sexual, prematuridad política y muertes en la guerra, nos colamos en las vidas de estos cuatro jóvenes que no reparan en ser "testigos de su tiempo" por estar demasiado ocupados en vivir al máximo sus mejores años, cuando no los últimos. El inocente François hará de guía por estas cuatro historias y un puñado de ellas más, con su propia aventura de descubrimiento personal. No tienen desperdicio -con respecto al tema homosexual- las escenas con el zapatero del pueblo, y, por supuesto, el clímax (dramático y estético) de la peli, en el río.

Un título muy recomendable (por su calidad como película, pero también por su sinceridad) para ver y celebrar que desde hace una semana todos los españoles somos un poquito más iguales. ¿O más diferentes? Ya me entendéis.

2 Comments:

Blogger Ann O'Nadada said...

Pues tengo que verla cuanto antes. Nada más que decir

2:06 p. m.  
Anonymous astrid y nat said...

hola notas bueno pues entonces tendremos que ver la peli!!
pa que veas que aunque no te hablamos en el messenger leemos tu page ehhhhhh???
juan! que ya he visto "y tu mama tambien" y esta bien prrrrrr CUAL!mmmmmmmm Gael....
besossssssssssssss

1:14 p. m.  

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