viernes, julio 22, 2005

TRABAJANDO EN ELLO

El pasado domingo acababa la duodécima temporada de 7 Vidas (sexta en realidad, porque se producen dos hornadas de capítulos por año, y porque la serie se emite desde 1999). Lo hacía con uno de los mejores capítulos de toda su historia. Me alegra (por lo oído/leído) no ser el único que ha hecho esta apreciación, y es que fue una hora impagable de puro descojono televisivo. Los creadores de ficción para la tele en España se están poniendo las pilas (a marchas forzadas) al ver que cada vez llegan mejores series de América, que se pueden comer al producto patrio. Porque la gente no es gilipollas y elige ver historias que avanzan, comedias inteligentes o misterios difíciles de resolver; si la comedia española de turno es igual en cada capítulo al anterior, o retrata estereotipos sobre los españoles que el cine abandonó hace ya veintypico años... Pues bien, en esa parte del imaginario colectivo español que es 7 vidas se han marcado un season finale de lo mejorcito. Las grandes series nos han enseñado que el final de la temporada debe ser un episodio especial, más intenso de lo normal. Está bien cambiar el escenario habitual si es una sitcom (véase Friends), se puede aprovechar para despedir o incluir personajes, y el final debe cumplir las expectativas a las que dirigía la temporada que concluye, así como dejar alguna nueva incógnita o cabo suelto para que tras el verano el público muerda el anzuelo desde el principio. Hay que ver lo que hacen, en televisión, unos buenos guionistas y unos buenos actores. No es que el resto del equipo esté allí tocándose las narices, pero ésos son los dos pilares fundamentales de una serie (donde la dirección, aunque imprescindible, queda relegada a un segundo plano). Hacen que una serie como la tratada, que comenzó como la historia de un tío que despierta tras veinte años en coma, continúe tantos años después sin ninguna línea argumental fija. Es lo que tienen las comedias de situación, que prima la misma sobre todo. Incluidos los personajes. Y parece que ninguna baja es letal, porque de los protas originales sólo queda ya Amparo Baró (y sus collejas a diestro y siniestro).
Volviendo al último capítulo -hasta el momento-, llegamos al clímax de una temporada bastante buena (al contrario que la anterior), el día de la esperada boda de Sergio y Vero. Diana sólo consigue cita en la mejor peluquería de Madrid dos días antes, y tendrá que ingeniárselas para mantener intacto su estrafalario peinado. Sole descubre que oficiará la ceremonia un cura que le prohibió la entrada al templo hace años. Gonzalo y el Frutero se apuestan a ver quién consigue pareja antes para la boda, pero cuando el Frutero liga con una chica bastante guapa, Gonzalo se empeñará en demostrar que es una puta. El hermano de Sergio, Pablo, sigue enamorado de Vero pero ésta tiene que hablar con él y dejarle las cosas claras. Sergio escucha la conversación y cree entender que se han acostado, por lo que decide presentarse a la boda borracho perdido. Una boda en la que todo salió mal. Y que me dejó ávido de que estos chicos vuelvan el curso que viene, a vivir su séptima vida, y las que haga falta.

2 Comments:

Blogger Flat Eric said...

no doy credito que haya boda de sergio y vero, en serio??
ay que poco me queda para reecontrarme con el mundo catodico español, que ganas por una parte y que horror por otra...

3:18 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Aunque últimamente no suela comentar, sigo leyéndote ;-) Firmado: la Duquesa que te quiere y te echa de menos, jejejejeje. Vickymendru.

2:42 a. m.  

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