jueves, agosto 11, 2005

FOTOS DE FAMILIA

A falta de películas comentables en el cine (no os preocupéis: mañana acaba la sequía con Charlie y La Fábrica de Chocolate, I Heart Huckabees, Ninette y Sin City) aprovecho las horas muertas veraniegas para ponerme al día, revisar o descubrir series, trabajo que facilitan mucho el DVD y los canales de entretenimiento de Digital +. Voy a hacer un repaso con mis favoritos del panorama actual (o casi-actual), series muy distintas entre sí, algunas de reciente llegada y otras con una trayectoria admirable. Lo único común a todas es el país de procedencia. Bueno, y los escrupulosos 43 minutos y medio que dura cada capítulo.

Tan muertos como yo es un producto para adolescentes protagonizado por una joven de 18 años que en el primer capítulo muere tras el impacto de la tapa del váter de una estación espacial en la cabeza. Nos descubrirá los secretos de la vida después de la vida: no todo es tan bonito como lo pintan. Muchos difuntos se convierten en funcionarios de la propia muerte durante miles de años, y encima no les pagan por ello, por lo que casi todos están pluriempleados. En una trama paralela seguiremos la descomposición de la ya de por sí disfuncional familia de Georgia tras su muerte, aderezada con visitas fantasmales de la primogénita. La factura técnica de esta serie es impresionante, y -algo que me encanta- la ciudad de Seattle es una protagonista más, con esos exteriores grises y lluviosos. Nada que ver con el decorado de fondo de Frasier. Pena que sólo durase una temporada.

Six Feet Under (A Dos Metros Bajo Tierra) podría ser la versión para mayores de la anterior serie. Pero no lo es. Muy en el estilo -cada vez más sobado- de American Beauty (de hecho el creador y guionista principal es Alan Ball) nos cuenta la vida de los miembros de la familia Fisher, regentes de una funeraria en Los Ángeles. Mientras presenciamos sus aventuras con las drogas, el sexo, la floricultura, la vida y la muerte, cada capítulo nos deleita con una escena inicial, que marca los derroteros del mismo, en la que presenciamos cómo alguien muere de la más sorprendente de las formas. Unos personajes de diez (sobre todo la madre y el angustiado Nate) para unas historias que comenzaron con un tono semiligero para convertirse (van a cumplir su quinto año de emisión ya) en trascendentales a más no poder, pero sin olvidarse del nombre de la industria que las creó: el entertainment.

Las Chicas Gilmore son cursis hasta decir basta, ellas y la serie que lleva su nombre. Me encanta. En estos tiempos de mil tramas, muertes, intrigas y embarazos no deseados en cada episodio, Lauren Graham y la (suprema) Alexis Bledel son Lorelai y Lorelai Gilmore, una madre y una hija que bien se podrían tomar por hermanas o mejores amigas. Adictas a la cafeína -posiblemente por lo poco excitante de sus vidas- habitan el pueblo de cartón piedra Stars Hollow, de esos en los que los habitantes se reúnen en asamblea para votar si pintan o no el banco del parque. Lo mejor de la serie son los pintorescos secundarios: la gordita cocinera del hotel, el barman paleto con el que la madre está que si sí que si no, la amiga friki coreana... y los abuelos. Los abuelos (interpretados por Edward Herrmann y Kelly Bishop) muy conservadores y que perdieron la pista de su hija cuando se quedó preñada a los 16, son toda una fuente de tramas y momentos divertidos para los guionistas. Los peores episodios es cuando tira descaradamente a drama o a comedia la cosa, su especialidad es caminar por la fina línea intermedia. Dadle una oportunidad, no os arrepentiréis (o sí).

Mujeres desesperadas (del genial Desperate Housewives) es el furor del año pasado entre los más precoces, y del verano entre el resto de los mortales en el que me incluyo. A través de cuatro amas de casa de lo más peculiar, y guiados por una quinta que decide que ya no puede más en el episodio piloto, descubrimos los secretos y trapos sucios de los habitantes de Wisteria Lane, un barrio de lo más "felices para siempre", en el que se ocultan relaciones ilícitas, falsas identidades y hasta crímenes. Un culebrón súper-estiloso, en el que cada capítulo tiene tanta información que si te llaman por teléfono cinco minutos te puedes perder del todo (me ha pasado). Está formidablemente escrita y muy bien hecha en general, y por mi parte pido especial atención a la genial Marcia Cross (algunos la recordaréis de Melrose Place) y su personaje, Bree, la joya de la corona de esta "soap opera" de lo más fashion.

Por hoy ya es suficiente, pero podría seguir un buen rato hablando de series. Mis mitos personales como Futurama, Sexo en Nueva York o Ally McBeal, descubrimientos como Padre de Familia o Perdidos (estoy por enterarme de algo y posteo), y horteradas del calibre de Felicity, Rebelde Way o Bobobó... estoy que no doy abasto. Lo que me voy a acordar de todos sus episodios (y de la madre que los parió) en los exámenes de septiembre.

2 Comments:

Anonymous maria said...

mi personaje favorito de mujeres desesperadas tambien es bree es una mujer super genial con su apariencia y esa dureza tan falsa!!!! por cierto perdidos te la recomiendo de veras entre mujeres desesperadas y perdidos no doy a basto. besos de una ex alumna del zorrila.

2:23 a. m.  
Blogger Gus said...

Estas muy americanizado señor maquinof (con una F)

5:53 p. m.  

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