miércoles, septiembre 28, 2005

...85, 86...Y 87

Cuando Lourdes, una joven estudiante de cine, conducía hacia allí, ni se imaginaba que un viaje cuyas pretensiones no eran más (ni menos) que capturar el espíritu de un lugar y retratar las historias de su gente le iba a cambiar la vida. Perdido entre las montañas navarras está Obaba, un paraje que imaginó Bernardo Atxaga hace dieciséis años en su novela Obabakoak. Ahora le llega el turno a Montxo Armendáriz con su libre adaptación cinematográfica, en la que, aparte de la historia central de iniciación -con reflexión sobre la creación cinematográfica incluida-, nos habla de la locura, la envidia, el sexo, el amor, la inadaptación, la muerte... en definitiva, de lo que han hablado siempre los libros y las pelis, de la vida.
-¿Es ésta la carretera de Obaba?
-Sí.
¿Cuánto falta para llegar?
-Ochenta y siete curvas.

Con esta conversación nos introduce Armendáriz en el ambiente mágico de la película, y de paso nos da una pista sobre cuál será la primera historia que Lourdes va a reconstruir: hace años, el pueblo tuvo una maestra que lo contaba todo. Los pasos, los escalones, los minutos que habían pasado desde que perdió a su gran amor. Pero esta neurosis, como casi todas las veces, no era más que el refejo de una carencia. La maestra estaba perdiendo, con el tiempo, la capacidad de amar. Hasta que empieza a hacer buenas migas con su apuesto alumno Manuel. En una película coral de verdad, en la que los actores compensan sus fuerzas a la perfección, vamos reconstruyendo una foto de grupo de la escuela que se hizo hace muchos años, con las carencias, novedades y cambios con que el tiempo nunca deja de sorprendernos. Tengo que decir (por primera vez en mi vida) que Pilar López de Ayala está para quitarse el sombrero, apoyada por un equipo de hachas, y que el descubrimiento de la peli es Bárbara Lennie (Lourdes), un auténtico clon de la Mamen Mendizábal de 59 Segundos.
Lo más pretendido (y muy conseguido por momentos) es la atmósfera, esencia de lo que es Obaba y de cómo puede llegar a influir en las personas. El paisaje, el clima, las miradas. Incluso esos lagartos-metáfora que se te pueden meter en la cabeza y dejarte tonto. Javier Aguirresarobe es una presencia providencial para la película que ilumina con distintos matices cada narración y consigue ese halo misterioso. Un pasito más (si bien ésta no es su mejor película, quizá sea una de las más personales) en una de las carreras más coherentes del cine español, la del señor Armendáriz.
Obaba no es un lugar. Es un deseo, un estado de ánimo. Es un misterio que no se puede resolver. Encontrar tu lugar en el mundo, estar bien contigo mismo. Una vez que estás a gusto contigo, cualquier sitio puede ser un hogar.

1 Comments:

Anonymous nat said...

está visto que se nota mi ausencia...
te ha quedao muy chulo el post, creo que ire a verla.
un beso!!!!!!

6:49 p. m.  

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