miércoles, noviembre 30, 2005

HOGWARTS: HECHIZOS Y HORMONAS (1/2)

La infancia ha terminado oficialmente para Harry Potter en su más reciente aventura cinematográfica, El Cáliz de Fuego. Menudo revuelo se montó en Estados Unidos e Inglaterra (países progenitores de la saga) cuando se difundió la noticia de que el filme había recibido la calificación de PG-13: ningún menor de esa edad podría ir a ver la película sin que un adulto entrase en la sala como acompañante. ¿Cómo podían hacer eso a la cuarta entrega de una serie que, según la creencia –cada vez menos popular- es “para niños”?. Vamos a ver, que esto lo pienso muchas veces y lo digo muy pocas: que una película (o una historia, en términos generales) se desarrolle en un colegio y sus protagonistas sean los alumnos, no significa que ésta esté destinada al consumo único de los infantes. Parece una perogrullada, pero mucha gente lo cree así. Esta película, y es que yo al veces estoy de acuerdo con las recomendaciones, la puede ver cualquiera que nadie va a quedar traumatizado; pero los menores de diez años no se van a enterar de una mierda (que el argumento en ocasiones parece ideado por Lynch y Aronofsky a pachas), y es posible que un par de escenas les acojonen bastante, aunque de momento nada como los dementores de la tercera parte, qué geniales eran.

Hay un fantástico prólogo en la peli que no reventaré aquí, pero que es tal cual me lo imaginaba como lector, e introduce La Mansión Riddle (la casa de familiar de Voldemort cuando era Tom Riddle) como nuevo escenario. Pronto viajamos a La Madriguera, la casa de la familia de Ron (los Dursleys han tenido que ser eliminados de la historia por cuestiones de tiempo, como otros tantos pasajes del libro, que con 752 páginas es el segundo más largo de la serie a falta de la aparición del último. Aún así los 157 minutazos de película no os los quita nadie). Todo está preparado para ir de excursión a los mundiales de Quidditch, donde las cosas se complicarán con una acción terrorista de los Mortífagos, los seguidores de Voldemort, la primera tras trece años de silencio. Parece ser que El-que-no-debe-ser-nombrado está a punto de volver a hacerse físico, la “marca oscura” en el cielo no deja dudas. Con el terror de casi todos todavía en el cuerpo, un curso muy particular da comienzo en Hogwarts. Este año se celebra allí el Torneo de los Tres Magos, un acontecimiento inusual que reúne a las tres mejores escuelas de magia europeas, para cada una de las cuales un alumno intenta ganar la Copa. Por Inglaterra tenemos a Cedric Diggory, por Francia a la seductora Fleur DelaCour y por Bulgaria al cabestril Víctor Krum. Por alguna extraña razón, el Cáliz de Fuego, que selecciona a los campeones, escupe también el nombre de Harry Potter (momento deus ex machina de la película), que no debería poder participar por edad, pero lo que dice la copita es sagrado, y todo se arregla para que el Torneo de los Tres Magos tenga cuatro competidores. Alguna razón tiene que tener quien haya metido su nombre en la copa. Todo este rollo es sólo la premisa, el comienzo de los acontecimientos. Podría spoilearos la película entera, que sabéis los que me conocéis que soy muy de contar historias, pero por si lo parecía no lo estaba haciendo. Además de todo esto tenemos un nuevo frente argumental abierto: están todos cachondos como monos, y el ir y venir de rolletes, rumores y frustración sexual (sobre todo esto último) culminará en el Baile de Navidad, todo muy a lo Al Salir de Clase.

Casi todos los aspectos de la película van hacia delante, un paso más en esta carrera hacia el séptimo y último capítulo, sin prisa pero sin pausa. Los personajes principales se adentran en los pantanosos terrenos de la adolescencia, perfecto para captar espectadores del sector y volvernos nostálgicos a los demás…o eso o es que soy muy tardío yo. Está bastante bien reflejado quién pretende a quién, dónde hay amor, dónde hay deseo (todo muy casto, que seguimos hablando de un blockbuster mundial) y dónde verdadera amistad. No en vano dirige Mike Newell, que nos regalase hace años Cuatro bodas y un funeral, una debilidad personal. Sin embargo hay partes en las que este tema desparrama un poco y quita minutos de metraje a otros por los que se pasa de puntillas. Sobre todo me decepcionó (como a tantos fans) la decisión de colar un grupo de música de modernillos al final del baile, uno de los detalles que hacen que esta película rompa (supongo que no intencionadamente) con el espíritu de los textos de la Rowling, que tan bien tradujeron a fotogramas Columbus y Cuarón. La del mexicano sigue siendo mi entrega favorita, pero esta última ya ha superado a La Piedra Filosofal y La Cámara Secreta, más introductorias y, como debía ser, infantiles. Porque según crecen Harry, Ron y Hermione, va creciendo la historia, la complejidad y los problemas. Ahora ya no sólo se enfrentan a Voldemort, cada vez más dañino por cierto. Ahora también se enfrentan a sus propios trastornos hormonales…y eso, que sí que lo hemos vivido todos, es una putada.

viernes, noviembre 25, 2005

LÍNEAS PARA RECORDAR (XIX)

Isaac Davis: ¿Por qué merece la pena vivir la vida? Es una muy buena pregunta. Um...la verdad es que hay ciertas cosas que la hacen merecerlo. Como, bueno...para mí...diría que, Groucho Marx, por nombrar una cosa...uh...Willy Mays, y... el segundo movimiento de la Sinfonía de Júpiter, y Louis Armstrong, su grabación de Potato Head Blues...hmmm...las películas suecas, naturalmente... La Educación Sentimental, de Flaubert...Marlon Brando, Frank Sinatra...esas increíbles manzanas y peras de Cèzanne, esto...los cangrejos del Sam Wo...uh...la cara de Tracy...
Manhattan (1979)
Escrita y dirigida por Woody Allen

lunes, noviembre 21, 2005

BOLA DE PARTIDO

Si "decíamos ayer" que uno de los autores consolidados del cine norteamericano actual acababa de estrenar un título menor en su filmografía (aunque muy por encima de la media de calidad del cine usamericano que se nos ofrece habitualmente), hoy dedico post a otro creador de renombre: Woody Allen acaba de estrenar -cumpliendo su cita anual con sus seguidores- Match Point, la que es su mejor película en bastantes años y, si no una obra maestra, sí una genialidad que no va a dejar a nadie indiferente.

Cuando creía que la carrera del neoyorquino de setenta años ya sólo podía ir lenta e inexorablemente hacia abajo, si bien dejándonos películas divertidas (Granujas de medio pelo, Todo lo demás) o reflexiones curiosas pero pobres en matices (Melinda & Melinda), va él y cambia radicalmente - de todo: de ciudad, de género, de caras- y añade un título a esa colección de maravillas que todo deuvedeadicto debería tener e incluye Manhattan, Annie Hall, Hannah y sus hermanas, Balas sobre Broadway, Delitos y faltas y alguna más. Match Point es un thriller trágico que, si bien parte de una reflexión muy concreta sobre la vida no queda ahí, como lo hacía su anterior película. Esto sólo sirve de excusa para empezar a contar una historia que se mueve al ritmo de las acciones de sus personajes, sobre todo de su suerte. El peso de ésta en el desarrollo de sus vidas, la importancia del azar en algunas de las situaciones más trascendentales. Junto a este tema, el segundo más importante viene dado por Dostoievski (al que se hace referencia un par de veces) y su Crimen y Castigo: ¿Puede quedar impune un crimen horrible o las vueltas y revueltas de la vida se encargan de hacer pagar a quien lo ha cometido? Ahí queda eso, la respuesta en salas.
Desconozco las razones de Allen para trasladar el campamento de trabajo de Nueva York a Londres, pero la verdad es que la historia le va como anillo al dedo a la ciudad. Y sus personajes, casi todos de esa clase alta británica de lo más rancia, una versión actualizada de los ricachones conservadores de Gosford Park. Podrían violar y asesinar a treinta jovencitas junto a la mesa en la que esta gente toma el té y nadie haría ningún comentario sobre el tema hasta haber apurado su taza y sus pastas. Por eso no puedo dejar de alabar los dos papelones secundarios de la película: Brian Cox y Penelope Wilton, como el matrimonio de mediana edad Hewett, cabezas de una familia en la que es difícil entrar y catastrófico salir. Por supuesto que Jonathan Rhys-Meyers y Scarlett Johansson (tremendamente buena actriz, tremendamente buena ella) dan en el clavo, pero también es verdad que el material escrito por Woody es de primera...no se nota que casi no ensaya con sus actores, porque los dirige que da gusto. Si os suena mucho la cara de Tom, pero no sabéis situarla (como me pasó a mí) es que lo habéis visto tirándose a Verónica Sánchez, entre cabras y ovejas, en Al Sur de Granada. El chico se llama Matthew Goode, y su hermana está interpretada por Emily Mortimer. Con este film, además, el director vuelve a cuidar la estética, que cada vez dejaba más de lado, y se agradece mucho que no todo sea placer para las zonas más oscuras y retorcidas del cerebro: esta película está muy bien rodada, es bonita, con lo difícil que es eso. Mucho tendrá que ver el "abandono" a su equipo habitual y su trabajo con un equipo europeo, joven aunque sobradamente preparado.

No he contado casi nada de la historia, pero se va mucho mejor a verla totalmente virgen (entendedme, por favor): os gustará o no, pero no os dejará fríos. Y os hará pensar. Que se agradece que algún que otro director se acuerde de su público y lo haga partícipe de la obra dándole tarea. No todo está masticado. De hecho, en Match Point casi todo está/es bastante crudo.

sábado, noviembre 12, 2005

¿HAY BODA DESPUÉS DE LA MUERTE?

Cuando uno tiene directores de cabecera, no puede más que rendirles sentido homenaje cada vez que dan en el clavo, e ignorar que la han cagado cuando lo hacen, o por lo menos no darle mucha importancia. Si hace pocos meses le dedicaba un macropost a la última máquina de hacer dinero de Tim Burton, con forma de fábrica de dulces, no puedo dejar de comentar ahora su nueva "obra menor" una película pequeña en la mayoría de los sentidos y de autoría compartida, pero que a) está dando unas ganancias tremendas b) exprime la esencia Burton hasta la última gota y c) sabe ganarse a la crítica como demostraron los quince minutos de aplausos en el festival de Venecia. Me gusta el cine de Tim Burton, sí, pero sobre todo envidio de él su manera de venderse y caerle bien a todo el mundo yendo siempre tan despeinado.

Desde que en 1993 Burton resucitara para la Disney la técnica de animación stop-motion (abandonada por el cine comercial desde las pelis de dinosaurios y otras bestias de Don Chaffey) con Pesadilla antes de Navidad, un taquillazo en su momento y, tras un período de olvido una obra de culto, La Novia Cadáver estaba destinada a hacerse. Recordemos que uno de los primeros trabajos de Burton, el corto Vincent, ya utilizaba esta artesanía de muñecos hechos de una especie de plastilina, que se van moviendo poco a poco y fotografiando (en esta ocasión con gran ayuda de los ordenadores) para dar sensación de continuidad. De hecho, en un momento de La Novia, el párroco llama equivocadamente a Víctor, el protagonista, Vincent, en claro guiño a los comienzos del cineasta que ahora toca techo.

¿Por qué es esta cinta una obra menor? Por varias razones. Para empezar, y aunque no tenga mucho sentido, por el metraje. Cuando se utiliza esta técnica de animación, unos pocos segundos de obra útil tardan una semana en conseguirse, así que los guiones tienen una gran entropía, ahorrándonos felizmente las florituras -casi siempre sobrantes- que puedan aparecer en historias de animación tradicional o cine con actores de carne y hueso. En esta ocasión son 77 minutos, que se agradecerían en muchas pelis de dos horas. También porque más que una peli de Tim Burton es una peli de marca Burton. Si en Pesadilla declinó la dirección al maestro de la animación Henry Selick por no verse capacitado técnicamente, pero estuvo presente cada día de rodaje, escribió gran parte del guión y diseñó a los personajes, ahora las cosas han cambiado un poco. El guión lo firman (de encargo) John August, Pamela Pettler y Caroline Thompson, basándose remotamente en una leyenda popular del norte de Europa. Los muñecos (llamémoslos "personajes") los han creado varias empresas no americanas de animación, con la base de unos -toscos- dibujos de Burton. Entre los "diseñadores de personajes" uno de los más importantes es el catalán Carlos Grangel, que durante la preproducción le presentaba sus creaciones periódicamente al capo Tim.

Y, saltándonos varias fases, llegamos a la dirección, que ejecutó en grandísima parte Mike Johnson, mientras que Tim Burton dirigía, en el estudio de al lado, en Londres, Charlie y La Fábrica de Chocolate. Se pasaba al final del día por el set y visionaba las animaciones conseguidas, daba consejos, rectificaba. Pero dirigía Johnson. A veces también acudían, al acabar "el otro" rodaje, Johnny Depp y Helena Bonham Carter, que iban preparando las voces para los personajes de Victor Van Dort y La Novia Cadáver. La tercera en discordia, la inocente Victoria Everglot, recibió la voz de otra estrella inglesa, la gran Emily Watson. Dice Bonham Carter (pareja del director), en tono cómico, que "Mike hacía todo el trabajo y Tim mandaba mucho, pero no daba un palo al agua".

Sobre esta historia de un pobre hombre que por error se desposa con una mujer muerta el día antes de su verdadera boda (historia que continúa vendiéndonos la Burton trademark) decir que es una peliculita muy disfrutable en todos los sentidos, y una historia de lo más entrañable. Volvemos a ser testigos de una revolución de lo freak (en este caso los muertos se lo pasan mucho mejor que los vivos), y entramos de lleno, sobre todo en la primera mitad, en una atmósfera casi tan conseguida como la de Sleepy Hollow: en mi opinión una de las mejores y menos valoradas obras del director. A destacar los homenajes cinematográficos, que salen como setas en las pelis de animación actual, pero nunca tan conseguidos como el momento George A. Romero del regreso de los muertos al mundo de los vivos, con ese giro final tan inesperado. Una (altra) pega, pero de las que también se pasan por alto: la música incidental de Danny Elfman es tan genial como siempre, pero las canciones -como ya pasara en Charlie- son un poco como de saldo...como si las hubiesen desechado para otras películas mejores. Cuando se ponían a cantar, yo sólo podía acordarme del ¿Qué es? que cantase Jack Skellington hace doce años, amén de que en la versión doblada se entienden las letras entre poco y nada.

Pero esta animación artesana mola. Saber que esos muñecos son de verdad, que los escenarios, aunque en miniatura, existen en alguna parte del mundo, incluso los movimientos de los dedos de Víctor tocando el piano son hipnóticos. Y estas historias góticas y supuestamente oscuras una vez al año no hacen daño. Porque aunque el fondo y la forma no empasten muy bien -quizá sea esa la grandeza de estas pelis y no me dé yo cuenta- si ambas nos gustan por separado...por qué no lo van a hacer juntas. Dentro de nada vuelvo a los muñecos de plastilina para comentar la reciente -y tristemente desapercibidísima- Wallace y Gromit: La Maldición de las Verduras.

jueves, noviembre 10, 2005

PUES SÍ, SOY

Ay, tengo que volver a casa para poder postear, y lo peor es que lo hago. Con mis semanas de tres días de clase y la fiesta de la patrona madrileña tan bien colocada ella, regreso al dormitorio donde (mal)gasté mi infancia y adolescencia y después de solucionar cuatro cosas pendientes en Pucela, me dedico a volver a la vida bloguera. Lo primero que sepáis que juego con mi frágil salud (tengo una voz como la de la niña de El Exorcista en su doblaje original) por satisfacer el ansia provocada por mi ausencia de algunos fanes de los que no quiero perder el respeto. Antes de empezar a escribir -por seguir un orden lógico- os he leído a todos los que además de visitar sois auteurs, por lo menos a todos los que estáis a la derecha de esto, y que conste que algunos (bueno, Ann sobre todo) me lo habéis puesto difícil, tan prolíficos literariamente como Stephen King o Corín Tellado en sus mejores tiempos.
Me permito uno de esos posts sin tópico poco habituales por aquí porque no quería entrar así, a saco, sin saludar tras mi segunda ausencia larga en un período bastante corto. Además, ni se me ocurre por dónde empezar, porque una de las razones de mi absentismo ha sido la aparición de estrenos esperados en la cartelera (sobre todo en la madrileña) como setas de temporada, amén de esa overdose cinematográfica en que acabo convirtiendo siempre la Seminci. La razón real, la más básica, es que me han cortado internet en el piso de Madrid, y todo por no pagar una factura, de verdad que qué desconfianza hay hacia mi persona por parte de las compañías multinacionales, si acabaré pagando...pues eso, que las visitas al ciber son caras y rollo y en los ratos de ordenador en esa facultad mía tan bella o en casas de amigos pues no dan para ponerse aquí en serio. Que uno tiene mucha técnica y se considera así mismo el Sánchez-Dragó de la blogosfera: aburrido, pedante y nocturno-alevoso, pero con una minilegión de seguidores fieles. Cuánto me está saliendo hoy la vena de "cuánto os quiero, sin mis lectores no sería nadie". Aprovechad que esto no es muy habitual en mí.
Se me pasaba, y eso que toqué el tema Seminci ya: para los que no estuvistéis aquí para celebrarlo, la peli Papeles, con el que competíamos en La Noche del Corto Español, ganó susodicha sección. Por unos temas no pude estar en la gala de clausura (y sí en una microsala de cine supercaliente, menos mal que la peli lo mereció), pero ya me encargué de felicitar a la directora y celebrarlo con ella. Vimos el corto otra vez, y es que no hay nada como mirarse un poco el ombligo. Con un poco de suerte la prota del corto se nos pasa al star-system, que la he visto ochocientas veces esta semana en las marquesinas de Madrid con su peli A Golpes, si os fijáis es la de la derecha del todo.
Mañana (y no es un decir) empiezo en serio. y a ver si con un poco de fuerza de voluntad esta vez me mantengo en lo que viene siendo el posteo regular. Quiero recomendar -si no las habéis visto ya, porque lo mío ya huele- muchas pelis, y contaros muchas cosas. Que no todo el mundo tiene en su nevera, sujetada por imanes, una foto en la que besa a Natalie Portman (risas) (perdóname Vicky). Aquí, en cuatro. Digo, en Puñaladas.