lunes, diciembre 26, 2005

A VERY FROSTY CHRISTMAS

Feliz Navidad, y esas cosas. Breve post para comentaros que, tras semanas de poco posteo debido a cosillas de clase y a mi dejadez intrínseca, vuelvo a la acción con temas muy variopintos. De aquí en dos semanas -lo que tengo de vacaciones, no me quejo- intentaré comentar las pelis navideñas que más van a sonar y algunas que estoy volviendo a revisitar cada vez más a menudo, clásicos de los de toda la vida. Intentaré recrear mis viajes por lugares tan exóticos como Narnia o la Isla de la Calavera y el paseo tan divertido por Madrid que supuso Los 2 Lados de la Cama... divertido y sorprendente, porque desde aquí pronostico (como ya hicieran conmigo) que nadie se imagina por donde van los tiros argumentales de la comedia de Martínez Lázaro.
Ya que en el aniversario del blog la gente está de veraneo y despendole por ahí aprovecho para felicitaros a todos el año y agradeceros que os dejéis caer alguna vez (algunos bastantes) por aquí, e incluso comentar. Fuera las calles de Pucela están a menos cinco grados y llenas de escarcha, pero desde aquí dentro vuelvo a calentar motores para que esto se parezca un poco al prolífico-pero-muy-humilde blog de crítica amateur que empezó siendo. Sed buenos e id mucho al cine.
Ah, y a quien corresponde, gracias por los regalos de anoche, me hicieron mucha ilusión, sobre todo uno:

miércoles, diciembre 21, 2005

¿FALLIDA O UN FIASCO?

La última película de Cameron Crowe, Elizabethtown, es un tostón. Tampoco es que esto no se pudiera prever (ya que su mente pergeñó Jerry Maguire o Vanilla Sky, aunque para esta última no tuvo que pensar mucho), pero tengo que decir que es el director de una de mis pelis recientes de cabecera, Casi Famosos. En aquella revisitaba su adolescencia y la revestía de grandes dosis de imaginación -aunque puede que sea de esos que se creen sus propias mentiras- para contarnos la historia de un joven de los 70 que ama el rock, y por arte de birlibirloque acaba acompañando en gira, como periodista para Rolling Stone, a uno de sus grupos favoritos, en el abismo de la fama más cabrona.
En esta ocasión vuelve a inspirarse en su propia vida, unos años más tarde (los veintitantos-treinta) para contarnos la historia de un joven que está a punto de alcanzar la cima en su carrera empresarial -diseñando zapatillas de deporte- y lo pierde todo debido a un gran error en forma de calzado supermoderno. También hace perderlo casi todo a su empresa, y la semana que hay de lapso entre su despido y la publicación en prensa de su gran cagada (su final más absoluto), en la que pretende suicidarse, va a ser el centro de la narración y un importante punto de inflexión en su vida. Sí, típica-tópica peli de encontrarse a uno mismo; en ocasiones sigue dando grandes resultados como la gran Algo en Común, pero no es el caso.
Lo cierto es que la peli es flojilla y aburrida a ratos, pero no es infumable del todo. Para empezar, es de las pocas pelis mediocres de las que me ha apetecido hablar aquí. Como en la película, en la que se reflexiona sobre la diferencia entre algo fallido y un verdadero fiasco (discusión que no voy a empezar ahora) yo salí de la película reflexionando algo así. Y la peli un fiasco, una puta mierda, una gañanada absoluta, no es. Este efecto es claramente inintencionado, pero ahí está. El film es un quiero y no puedo, o un pudo ser y no fue. Pero hay varias cosas de las que estarían en la versión-obra-maestra de la historia.

Justo cuando el prota está intentando suicidarse al comenzar la peli conoce la muerte de su padre, lo que retrasa sus planes porque tiene que ir al pueblo natal de éste a recoger el cadáver, ya que su madre no se habla con la familia paterna. Entre tanto topicazo del Medio Oeste aparece el más grande, cuando conoce a una chica rarita que puede cambiarle la vida con su optimismo. Una de mis actrices jóvenes favoritas (Kirsten Dunst) y uno de mis actores jóvenes "menos favoritos" (Orlando Bloom) encabezan el reparto que incluye a Susan Sarandon y Alec Baldwin. El discurso se pierde entre interminables canciones (que en vez de acompañar las imágenes es al revés) muy buenas pero que no tienen el protagonismo que tenían en Casi Famosos, lo que las hace molestas a ratos, y sobre todo entre larguísimas y absurdas llamadas de teléfono mal aprovechadas, en guión y en rodaje.
Pero entre las cosillas que me gustaron y que vuelven frecuentemente a mi mente después de enviar a la papelera de reciclaje el resto de la película, está la teoría sobre cómo te mira alguien cuando es la última vez en su vida que te ve. Qué identificado me sentí. Y, aunque no es mérito del equipo, la escena en la que los protagonistas ven juntos el amanecer junto al valle es de esas que se quedan grabadas... Qué romántico (versión tonta) me pongo a veces, de verdad.

sábado, diciembre 10, 2005

PÁPA, HE VISTO UN OVNIR

El humor castellano más bizarro y freak se manifiesta en todo su esplendor en el programa de Paramount Comedy La Hora Chanante. Ya lo dice una advertencia (inspirada en South Park), antes del comienzo de cada episodio: "El programa que van a ver a continuación es la mayor freakada (se pronuncia como se lee) que ha parido madre". Lo de "castellano" es literal, ya que el germen de ese programa está en plena Castilla-La Mancha. Su creador, director, protagonista y cabeza pensante es Joaquín Reyes, un albaceteño que se desplazó hasta Cuenca en su juventud para estudiar bellas artes. Allí hizo amistad con otros dos paisanos suyos, Raúl Cimas (quizá lo recuerden de Buenafuente) y Ernesto Sevilla (que ahora presenta su propio programa en la Paramount, un concurso sobre cultura basura llamado Smonka!). Este "trío de albacete", unos años después, en Madrid y junto con otros cuantos jóvenes profesionales del humor, sobre todo del monólogo, pusieron en pie -corría el año 2002- uno de los programas más absurdodelirantes de los que hoy pueblan la parrilla española. Y mira que hay competencia.

En este espacio cabe todo, siempre que tenga un nivel aceptable de surrealismo y provoque al menos un par de carcajadas por minuto: un superhéroe que sueña con phosquitos bailarines, Tim Burton hablando del parecido de su novia con un mono tití, unos vaqueros que atraviesan el Oeste para llegar al festival de Benicàssim... son sólo ejemplos de las perlas con que, en forma de sketches (algunos eventuales, otros series fijas) nos deleita La Hora Chanante una vez cada treinta días. Si los podéis ver en la tele, se estrena capítulo el primer domingo de cada mes a las 23.30. Para todos los demás, el e-mule, donde cuelgan los capítulos los propios creadores.
Algunos de los sketches con los que podéis toparos todas las semanas:

Testimonios: Son la sección estrella. Cada capítulo empieza con un testimonio. En él, un famoso (que presentará el siguiente programa) nos habla, siempre con acento manchego profundo, de su vida y milagros. Las caracterizaciones son de traca, pero lo mejor son las chuminadas en estado puro que salen de su boquita. Por esta sección han pasado Michael Jackson, Margaret Thatcher, Bill Cosby, Björk, Coppola, Sara Montiel, Stephen King, Mr. T... algunas de las joyas de la corona en lo que a declaraciones se refiere:
Margaret Thatcher
"Sé lo que estáis pensando: La Dama de Hierro. ¿qué creéis, que no lo sabía? Si a mí me gustaba porque siempre he sido una mujer con mucho carácter, con mucho genio; yo me plantaba en Westminster con mi bolso y se a-co-jo-na-ban, los míos y los otros, se ponían a sudar. Yo es que soy así, de las que se quitan las bragas a pedos".
Montserrat Caballé
"Soy acojonante, soy pelotuda, soy pistonuda, hay que verme cantar, que a mí me han ovacionado 25 minutazos. 25 minutazos con la gente ahí dando palmas, que yo veía alguno y pensaba: a éste le cabe una sandía por el culo de lo que lo está gozando de verme".
Anatoli Karpov
"¿Sabéis por qué no tengo el título de campeón? Por los zanguangos de la federación y por el cabrón de Kasparov, que me tiene pelusa. ¿A vosotros cómo os caía Kasparov? Os caía bien porque con vosotros era de otra forma, pero conmigo era un hijo de puta, que en las partidas me daba patadas por debajo de la mesa y si le venía un eructo me lo proyectaba en la cara".
Mister T
"Una cosa quiero decir a los fans de La Hora Chanante. Me he enterado que os gusta el programa y soléis decir: "cómo me gusta La Hora Chanante, me junto con mis amigos y me fumo unos porros y nos partimos el ojete". ¡Mal! Verlo sin fumar canutos, alejaos de las drogas, que son asuntos sucios".
Björk
"Soy una persona muy especial; medio lapona, vamos, medio esquimal, medio... medio mongola. Mis padres eran un poco jipilondios y me dieron una educación que eso no era educación ni era nada porque era ir todo el día en culos, así con mucha relajación de costumbres. Yo me compuse una personalidad distinta, me se va la cabeza y hago las cosas así como me vienen".

Retrospecter: Un fragmento de una película antigua, y desconocida casi siempre, que los "chanantes" doblan con total libertad para componer situaciones radicalmente distintas a las que narraba la peli en su origen. Un ejemplo: unas niñas de esas que venden galletas en las pelis americanas que, por obra y gracia del programa, se convierten en las camellas más quinquis de todo Chicago. Como habréis comprobado en los testimonios anteriores, La Hora Chanante tiene una serie de expresiones y palabras propias, que son usadas por sus personajes el mayor número de veces posible: tunante, regomello, pesambre, renegror, caldofrán, asobinarse (y derivados), enratonao... Los fanes nos las aprendemos como si fueran nuestras oraciones y las repetimos a todas horas, creando situaciones cuando menos extrañas, como cuando nadie de tus acompañantes ha oído hablar nunca del programa.

Series de animación: pues es que el Reyes, aparte de ser un cachondo mental, dibuja de forma bastante aceptable, y aparte de la cabecera del programa realiza cortos de dibujos que forman pequeñas series con personajes memorables como Superñoño (el superhéroe más blando que la mierda de pavo) Bizcoché y Ojos de Huever o Doctor Alce.

Cuéntaselo a Asun: Un talk show rollo patricesco, pero sin reencuentros entre familias sudamericanas. Uno de los casos que más célebre se hizo fue el de una mujer que recriminaba a su marido que acabase siempre las frases en fade-out. "¿No puedes acabar de hablar por corte, como el resto de la gente?"

Y hasta aquí la freakada del día. Si conseguís descender al estado mental que requiere un visionado de este programa, os recomiendo que lo hagáis. El efecto, en mi persona, suele ser acabar con dolor abdominal de la risa. Además, para todos los que tengáis entre veinte y treinta años el programa os va a parecer un filón de referencias -que siempre despiertan un poquito la nostalgia- hacia la música, la tele y el cine de los ochenta: cosas que, en nuestro país, se popularizaron unos diez años más tarde, porque yo me acuerdo de casi todas. Hacía tanto tiempo que nada conseguía hacerme reír así, que desde que me hice fan del programa hace escasos seis meses (pero gracias a las descargas estoy recuperando los años perdidos), supe que tenía que dedicarle un post de agradecimiento a La Hora Chanante.

martes, diciembre 06, 2005

HOGWARTS: HECHIZOS Y HORMONAS (2/2)


Retomando el tema de El Cáliz de Fuego, creo que como en todas las pelis de Potter es inevitable hacer mención al equipo artístico: un grupo cada vez más grande de actores ingleses que cumplen la máxima británica de dar siempre un poco más de lustre –si se puede- a lo suyo. Aunque estas películas sean de hecho americanas, exportan hasta el último rincón del mundo parte de la cultura inglesa, en este caso la más reciente. Los divismos brillan por su ausencia, ya que, por la entrada sucesiva de nuevos personajes, los secundarios cada vez lo son más y tienen menos minutos en pantalla. Pero siguen siendo fabulosas las entradas de Maggie Smith, Michael Gambon (aunque no puedo no echar de menos al gran Richard Harris), Robbie Coltrane, Alan Rickman… pena que en esta entrega la aparición de Gary Oldman sepa tan a poco, a nada en la versión doblada de la película, no diré más para los que no la habéis visto; eso sí, todo a mayor gloria de los efectos especiales. Como ya sabréis la incorporación estrella en El Cáliz es la de Ralph Fiennes, que asume a mitad de la saga uno de los papeles más importantes en lo que resta: la segunda encarnación de Lord Voldemort. Ninguna imagen de su caracterización ha sido distribuida para que la sorpresa sea mayor, sea esto para bien o para mal, recordándonos los tiempos en los que tan bien ocultaron esa cutrez de Godzilla. También es nueva por estos territorios Miranda Richardson (casualidades de la vida: hace nada hizo con Ralph Fiennes la extrañísima Spider de David Cronenberg), en el papel de la periodista Rita Skeeter, uno de los peor adaptados del papel al celuloide. Sale mucho, no hace nada importante, y al final su historia queda totalmente en suspenso. Para lectores y novatos queda como una molestia en la narración y una personalidad totalmente sobrante, amén de desagradable. A Brendan Gleeson ni se le ve con tanto maquillaje, pero su personaje de “Ojo Loco” Moody es capital en esta parte de la historia. Para acabar con los intérpretes, los chiquillos van depurando sus dotes interpretativas (en algunos casos, una necesidad imperiosa) y se van poniendo buenorros en la mayoría de los casos, como el de Hermione con su megavestido de noche o Harry y su escena de desnudo con fantasma incluido.

Llegamos (para ir finiquitando esto) al apartado técnico, para el que tengo aplausos y abucheos, empezando por lo malo la planificación (los planos, vamos) de algunas escenas, como la del discurso de Dumbledore. El personaje que en las otras entregas parece etéreo, a veces espectral, pierde mucho por la mala colocación de las cámaras, y, en general, porque le hacen correr y levantar las manos tantas veces en la película que uno no sabe si está haciendo aerobic, o, peor, si es más maloso que Voldemort por esos gritos que pega y ese ceño fruncido constantemente. Si se dispone de un espacio (sea natural o, como en la mayoría de los casos, recreado) tan inmensamente grande como el comedor de Hogwarts, las secuencias que allí suceden no se pueden diseñar como si fuera una charla de amigos en una sala de 10 metros cuadrados. Vamos, poderse se puede, pero el efecto que se consigue es el contrario al que una película “épica” como esta necesita. Por contraposición, destacan las escenas de acción –rodadas, seguramente, por una segunda unidad con más experiencia en el tema que Newell-, que dejan con la boca abierta y que tienen unos efectos especiales de quitarse el sombrero. Nada que ver con el rollo Toy Story de la primera. Desde la primera con el dragón y las torres del castillo (im-prezionante), uno ya sabe que la chicha de esta película está en las pruebas del campeonato. Del guión ya aprecié que, en general, es una película muy entretenida y que provoca un punto de inflexión en la saga, pero algunas cosillas han dañado un poco el espíritu de la saga. Ha hecho bien Steve Kloves en, después de escribir las cuatro primeras, descansar una película de Harry Potter. El que se ha marchado con la música a otra parte, no se sabe si para siempre, es John Williams, del que ya sólo queda el tema principal de la banda sonora. El resto del score lo firma Patrick Doyle, entre otras cosas porque seguro que es mucho más barato que Williams y no está tan solicitado. A ver que tal adapta Michael Goldenberg La Ordel del Fénix, que comienza a rodarse en primavera. Hasta 2007, año de su estreno, prometo no tocar más el tema niños-mago…¡Lo prometo!