jueves, enero 26, 2006

SI NO PUEDES CON ELLOS, CÓMPRALOS

Hablaba el otro día con unos amigos de lo buenas que eran, en general, las pelis de animación de Pixar, en contraste con las cagadas que estrenaba Disney últimamente. Hace más de diez años los dos estudios firmaron un contrato de colaboración que comprometía a la compañía de animación digital a hacer siete largometrajes para Disney. Pues bien, la séptima de esas siete películas (Cars) está a punto de estrenarse, y era más que un rumor que los creadores de Los Increíbles o Buscando a Nemo no tenían en mente renovar, para llevarse una parte mucho más sustanciosa de los beneficios que diesen sus pelis realizadas a partir de este momento. Anteayer Disney dio el pelotazo y nos dejó a más de uno con la boca abierta con la noticia de que compraban la compañía Pixar por 7.400 millones de dólares. Así se acaba la duda de quién distribuiría ahora sus títulos en los cines, y Disney como productora tendrá algo decente que llevar a las pantallas.

Los estudios de animación de Disney, a la vez que la edad de oro de la animación generada por ordenador comenzaba con Toy Story en 1995, entraban en crisis creativa y por consiguiente económica. El renacimiento que la compañía experimentaba desde finales de los 80 gracias a títulos como La Sirenita, La Bella y La Bestia o Aladdín, acaba cuando el director por entonces de la compañía -y causante de este resurgimiento- Jeffrey Katzenberg la abandona para crear junto a Spielberg y Geffen la rentable Dreamworks. Tras el último buen título de animación tradicional de Disney (esto es, El Rey León) en 1994, sus estrenos se van convirtiendo uno tras otro en batacazos, o simplemente pasan desapercibidos. Al principio se intenta mantener la técnica comercial de un "gran estreno" cada navidad, pero largos como Hércules o Pocahontas no tienen tirón suficiente como para repetir el éxito de sus predecesores. Luego comienza la estrategia del "todo vale": estrenos directos a vídeo, cantidad de pelis sobre el mundo Pooh, segundas partes de sus grandes clásicos o aberraciones del tipo Atlantis.

Hasta intentaron crear en Disney su propio estudio de animación digital. Mejor que el tiempo nos haga olvidar, porque si empezaron su andanza con la medianamente comestible Dinosaurio, su último ¿bombazo? ha sido Chicken Little. Lo único que salvaría de esta última es que en la versión original el pollito tiene la voz de Zach Braff. Los estudios de dibujos clásicos echaron el cierre con Zafarrancho en el Rancho, aunque ahora amenazan con estrenar (en el cine, sí) la segunda parte de Bambi. Se la habrán hecho de encargo en Japón, me imagino.
Conclusión: las únicas pelis decentes que se podían ver estos años con el castillito de la Disney al principio eran las de Pixar. Ante la posibilidad de quedarse sin ellas, y sin la de millones que generan en todo el mundo, la corporación de Mickey compra los estudios situados en Emeryville, California. Y es que aunque sus dibujos den pena, Disney es una compañía con una facturación anual astronómica. Parques temáticos, editoriales, canales de cable, discográficas y otros estudios y distribuidoras de cine (Touchstone, Miramax, Buena Vista) forman parte de la diversificación empresarial del grupo. Y como el pez grande siempre se come al chico, Pixar y Disney serán uno hasta que la muerte los separe. Esperemos que no se contagie la creatividad en el mismo sentido en el que van los millones...

jueves, enero 19, 2006

SIEMPRE NOS QUEDARÁ WYOMING

Ayer se preestrenó en mi facultad -que no todo allí va a ser inmundicia- el nuevo film de Ang Lee Brokeback Mountain, subtitulado en nuestro país En Terreno Vedado. Lo único que la prensa da a conocer sobre esta peli cuando habla de ella (últimamente bastante, porque se estrena mañana y porque se ha llevado cuatro Globos de Oro) es que es la historia de dos vaqueros gays. Y, siendo aceptable, no me parece una descripción acertada de lo que el espectador va a ver. Quizá sea mejor para el que no ha visto la película que la que voy a hacer yo, pero una vez hecha la advertencia, diré que Brokeback Mountain es la historia de un hombre, Ennis del Mar (Heath Ledger, el descubrimiento interpretativo del año), a lo largo de veinte años de su vida. Cierto que también acompañamos en sus peripecias a Jack Twist (Jake Gyllenhaal), el amor de su vida, y a las esposas de ambos, interpretadas con solvencia por Michelle Williams y Anne Hathaway, pero el espinazo de esta narración, además de ser el primero en aparecer y el último en irse de cuadro, es el personaje de Ennis, y la fortísima pero sutil -que difícil es conseguir esto- evolución del mismo.

La narración comienza el año 1963, en lo más profundo de la América profunda. Dos jinetes comienzan a trabajar juntos cuidando ovejas durante un verano en el inhóspito/bellísimo paraje que da nombre a la peli. La indiferencia se convertirá en amistad, y la amistad en algo más. Pero tras el verano los personajes vuelven al mundo real, la magia se rompe y sus vidas comienzan a ir "por donde deberían". La dicotomía que se establece entre los dos no puede ser más clara. Jack es el más abierto, no tiene miedo de mostrar sus sentimientos (al otro, claro está), y está dispuesto a hacer lo posible por ser feliz. Ennis tiene un gran problema: la incomunicación. Es incapaz de sacar lo que tiene dentro. Que el gran amor de su vida sea un hombre no ayuda nada, y más cuando su personalidad está castrada desde que vio algo terrible siendo un niño.

Ang Lee ha demostrado que un director chino puede enfrentarse a la Inglaterra decimonónica, a los suburbios de Maine en los 70, o -ahora- al Wyoming rural y salir airoso. Mucho mejor de lo que bastantes compañeros anglosajones lo habrían hecho. Con la ayuda de la foto de Rodrigo Prieto (21 Gramos), de un guión concebido en estado de gracia y de los maravillosos paisajes canadienses donde se rodó, el autor de la infumable Hulk se redime y casi toca el cielo. El "casi" es porque los Oscar no han sido todavía. Es ésta una película potente, tristísima, que se va ganando al público por momentos hasta un clímax emocional de los que hace tiempo que no veíamos. La homosexualidad no es un tema como tal en la película, y si esto no queda claro ahora lo hará cuando la veáis. Puede que no le guste a todo el mundo, pero a muchos os va a maravillar. Despues de tanto bombo como se le había dado al film desde hace un tiempo, tenía en mente odiarlo y hacer una crítica mala para salirme de la generalidad. Pero me lo han puesto imposible. No hay innovación estética o temática en esta película, pero es que los clásicos no necesitan de eso. Si es cierto que otras me han gustado (divertido, sorprendido) más, ésta es la mejor lección de cine y vida que he recibido recientemente.

viernes, enero 13, 2006

LA FUENTE


Tras descubrir recientemente que hay unas cuantas fans de Requiem por un sueño entre los lectores de este (mi) vuestro humilde blog, ahí va una de esas reseñas sobre un próximo estreno en las que tan poco me prodigo. Resulta que en muy pocos meses -aunque no se sabe en cuantos exactamente- se estrena The Fountain, la tercera película de Darren Aronofsky, director de las geniales Requiem y Pi (fe en el caos).
Un grandísimo misterio envuelve a todo lo relacionado con esta película, y es que no debemos olvidar que la incertidumbre es una estrategia comercial difícil de manejar en estos días pero altamente efectiva. Sólo cuatro frames promocionales se han distribuido, y el único tráiler editado hasta el momento crea más dudas de las que resuelve. Por deducción diré que se trata de tres historias paralelas que suceden, respectivamente, en los años 1500, 2000 y 2500 de nuestra era, todas ellas relacionadas con la búsqueda de una mujer por parte de un hombre. Los protagonistas son Hugh Jackman (aka Lobezno) y Rachel Weisz (cada vez más de moda), y entre los secundarios destaca Ellen Burstyn, la veterana actriz que interpretaba el inefable personaje de Sara en Requiem.
Por su director y por las pocas imágenes que he cazado tengo unas ganas de verla tremendísimas, como imaginaréis, que intento contagiaros con el post. Dice Aronofsky (que abandonó un proyecto de precuela de Batman alternativo a Batman Begins) que es ésta "una película de ciencia ficción metafísica post-Matrix, diferente a cualquier cosa que hayas visto. La llamo así porque Matrix reinventó la ciencia ficción, de la misma manera que en su momento lo hicieran 2001 o Star Wars. Me he movido en un nuevo terreno, intentando averiguar lo que funciona con una audiencia de hoy en día, y creo que ha quedado algo bastante guay" (¿?). Esperemos que sea tan guay como tus anteriores pelis por lo menos, Darren, que después de casos como los de Cristopher Nolan o Kevin Smith ya no me sorprendería que otra promesa de gran director se echara a perder.

domingo, enero 08, 2006

LÍNEAS PARA RECORDAR (XX)

Renton (off) : Elige la vida, elige un empleo, elige una carrera, elige una familia, elige un televisor grande que te cagas, elige lavadoras, coches, equipos de compact disc y abrelatas eléctricos. Elige la salud, colesterol bajo y seguros dentales, elige pagar hipotecas a interés fijo, elige una primera casa, elige a tus amigos. Elige ropa deportiva y maletas a juego, elige pagar a plazos un traje de marca en una amplia gama de putos tejidos. Elige el bricolaje y pregúntate quién coño eres los domingos por la mañana. Elige sentarte en el sofá a ver tele-concursos que embotan la mente y aplastan el espíritu, mientras llenas tu boca de puta comida basura. Elige pudrirte de viejo, cagándote y meándote encima, en un asilo miserable, siendo una carga para los niñatos egoístas y hechos polvo que has engendrado para reemplazarte. Elige tu futuro. Elige la vida.
Pero ¿porqué querría yo hacer algo así?
Elijo no elegir la vida. Elijo otra cosa. ¿Las razones? No hay razones. ¿Quién necesita razones cuando tienes heroína?

Trainspotting (1996)
Escrita por John Hodge - Dirigida por Danny Boyle

lunes, enero 02, 2006

ANDE O NO ANDE...

...Gorila grande. Si ya se podía afirmar con su trilogía de El Señor de los Anillos, ahora no queda duda de que Peter Jackson es el director megalómano por antonomasia, al menos en el panorama actual. King Kong -película y personaje- no son grandes, son inmensos. Tamaño, metraje, presupuesto, aspiraciones...no hay lugar para la humildad en este festival de la hipertrofia del que artísticamente el neozelandés ha salido bastante airoso; en lo económico, esto ya es más discutible, porque de momento su película ha empezado por debajo de lo que lo hicieron títulos más baratos como Las Crónicas de Narnia o Harry Potter, sin ser sus resultados para nada malos.

No voy a repasar la historia del personaje de King Kong porque estoy harto de leerla en números recientes de revistas de cine y verla en documentalillos, y así nos podemos centrar en esta película: sólo decir que si el original duraba 100 minutos y el infeliz remake del 76 duraba 134, la peli de Jackson se va a los 187. Tres horas largas (que no largas horas) de puro entretenimiento de serie B rodado con dinero de serie A+, con intermedio y todo, transportando las salas y sus ocupantes a otros tiempos de mayor esplendor cinematográfico.
Si la peli es tan tan larga es porque algo nuevo se han tenido que inventar los guionistas (entre ellos la mujer del director, Frances Walsh), y la primera escena ya dice mucho de lo que va a ser uno de los temas principales de la película: el mal momento por el que pasaban los Estados Unidos a principios de los años 30, concretamente en 1933, año elegido para situar la acción por ser el que vio nacer al simio Kong, para la película de M. C. Cooper y E.B. Schoedsack. Si estáis despiertos, pillaréis un homenaje a la primera versión de la película en forma de comentario del personaje del director de cine, Jack Black. Otro guiño iba a ser la aparición de la protagonista original, Fay Wray, pero su muerte en el verano de 2004 -a los 96 años- lo impidió. No obstante, antes de su fallecimiento Jackson se entrevistó en numerosas ocasiones con ella, lo que le sirivió para hacerse una idea de cómo fue el ambiente de rodaje y las aspiraciones del King Kong original, película idolatrada por el neozelandés desde su infancia. Con esta revisión del mito le ha querido hacer un homenaje a la manera en que se lo hizo a uno de los libros favoritos de su adolescencia, la trilogía de los anillos de Tolkien, hace unos años.

El comienzo de la película nos introduce en el ambiente del Nueva York del 33, y nos presenta con detalles un escenario que no volveremos a ver en la película hasta dos horas después, cuando llegue el enésimo -y último- clímax en forma de mono desatado por la Gran Manzana. Conocemos por encima a los personajes, que se nos van a presentar mucho mejor en el largo episodio del barco, sobre todo al trío protagonista: La actriz Ann Darrow, que atraviesa un momento tan malo que acaba embarcándose en un rodaje suicida con el director Carl Denham, una mezcla de directores osados (que no por ello de buen hacer) de la historia y del propio Jackson. Éste hará todo por terminar su película, hasta "secuestrar" al guionista Jack Driscoll (Adrien Brody), que siente que se vende por escribir un film de las características del de Denham. Como en el original, cine dentro del cine, pero esta vez en más de un sentido: esta película bebe de muchísimas fuentes aparte del film de hace 70 años, siendo Jackson como sabemos un cineasta altamente referencial. También literarias, pues el personaje de Jimmy (interpretado por un Jamie Bell muy lejos ya de Billy Elliot en muchos sentidos) establece un paralelismo entre esta historia y El Corazón de las Tinieblas, de Conrad, con reflexión sobre las narraciones de aventuras incluida.

Después tendremos la interminable parte de Skull Island que, tengo que confesarlo, me encanta. ¿A quién puede no gustarle una pelea de lucha libre entre King Kong y dos tiranosaurios con Naomi Watts -una heroína nada al uso- dando alaridos y alguna patada alrededor? Los fotogramas gritan "serie B". Es esta parte un macro- Parque Jurásico del que personas como Cooper, Ray Harryhausen o Steven Spielberg pueden sentirse orgullosos porque sin sus aportaciones al cine no hubiera sido posible, pero lleva más allá cualquier precedente: la parte de las lianas es genial. Finalmente, siguiendo esta estructura episódica -creo que no revelo nada a nadie- y haciendo un círculo (como en ESDLA) volvemos a Nueva York donde la belleza de las imágenes y su simbiosis casi perfecta con el contenido deslumbran cuando más, si es que no has ido a la sesión nocturna y te estás durmiendo, que todo puede pasar.
La empresa Weta va poniendo las últimas piedras en su consagración como la nueva reina de los efectos especiales (con permiso de ILM) con este título, aunque todavía haya cosas que mejorar. Lo que no se es si conviene que todo sea tan real que al final se pierda la sensación fantástica que recorre ésta y muchas otras pelis recientes. El tiempo lo dirá. La música la firma mi favorito, James Newton Howard, pero lleva más el sello de las pelis de Jackson que de las partituras de aquel. El compositor se la tuvo que currar en tres meses, tras el despido en septiembre de 2005 de Howard Shore (ESDLA), que hizo algo que parece que no le gustó mucho al jefe. Diría que nunca podríamos oír esa otra música y dar nuestra opinión, pero de una película de la que ya puedes comprar el making of en la fnac por 20 euros (40 para coleccionistas) me lo espero todo, incluso la edición de la banda sonora alternativa para ponerla en el tocadiscos mientras ves el DVD. Hay que ver cómo amortizamos todas las marquesinas de autobús que hemos llenado de imágenes del gorila.