sábado, abril 22, 2006

ANARCHY IN THE UK


Hay opiniones para todos los gustos sobre V de Vendetta, el último producto de los hermanos Wachowski, en esta ocasión no dirigido por ellos si no por el ayudante de dirección de su saga Matrix, James McTeigue. Pero, a fin de cuentas, lleva el sello Wachowski, ya que está escrita por ellos; y, como la citada saga, hace un totum revolutum de referentes culturales del ya difunto Siglo XX para hablarnos un poco de cómo podría ser el XXI, de aquí en unos años. El principal sustento es la novela gráfica que adapta, del aclamado Alan Moore (La Liga de los Hombres Extraordinarios, Desde el Infierno). Si habéis leído este cómic, por una cuestión estadística, casi seguro que la película no os gusta: eso como poco, quizá os entre una rabia terrible y ganas de asesinar a sus creadores. Yo fui a verla sin el prejuicio que supone conocer el material que se adapta (qué bien oriento mi incultura comiquera), y lo cierto es que la peli no me ha decepcionado nada. Me ha gustado mucho, y lamento que no esté siendo en España el éxito que en otros países, porque –si bien tiene algún defectillo en su hacer- es un soplo de aire fresco para todos, en forma y fondo.

Pero los referentes no se quedan en el trabajo de Moore y Lloyd (el dibujante del original), sino que en V de Vendetta hay cine, literatura y música que en mayor o menor medida podemos jugar a reconocer, y sobre todo, a descubrir qué nos quieren decir con ello: reciclaje cultural en estado puro. Y también, al más puro estilo Almodóvar, tenemos televisión creada para la película, que oscila pendularmente entre lo desternillante y lo terrorífico. La comparación con el manchego, aunque lo parezca, no es tan peregrina. Y dejando a un lado las maneras, tenemos la historia de Evey y V, una especie de Dama y Vagabundo, de Bonnie y Clyde, de Bella y Bestia...o de León (el profesional) y el papel de la propia Natalie Portman con once añitos. V es un revolucionario en el sentido antiguo (y bueno) de la palabra... un terrorista, sí. Un sabio loco que pretende llevar a cabo una venganza personal y una decapitación del poder a la vez. Lleva la máscara de Guy Fawkes (que intentó volar las Casas del Parlamento en 1605), tiene una voz misteriosa e hipnótica, y para presentarse sólo usa vocablos que lleven uve. Detrás de la máscara se encuentra Hugo Weaving (el agente Smith de Matrix, Elrond en ESDLA), por lo que recomiendo encarecidamente la versión original de la peli si queréis disfrutar de su interpretación. Evey es una joven a la que la lucha revolucionaria le quitó todo lo que tenía, y que ahora intenta vivir sin llamar la atención y cumpliendo hasta el toque de queda. Es Natalie Portman, nada más que decir sobre la intérprete. Hasta que V le enseña (con sus poco ortodoxos métodos) que no se puede vivir al margen de abusos de poder como los que se llevan a cabo en esta Inglaterra totalitaria, mayor potencia del mundo en el momento en que se desarrolla la acción.

Y pasando por las formas y el argumento, llegamos al tema, al quid de la película. ¿Es la violencia un método lícito para luchar contra el poder dictatorial? ¿De verdad es viable la ausencia de poder político en una sociedad? Si lo enuncio en forma de pregunta es para no contar mucho y dejar que la peli os hable por sí misma, porque las opiniones de los autores sobre estos y otros temas quedan bastante claras. Y es bueno, estemos o no de acuerdo con sus tesis, ver que un film mainstream no es híper-mojigato ni se atiene a los principios ideológicos generales reinantes en Hollywood. Aun así, el mercado es el mercado y el estreno original de la película (el 5 de noviembre, por una fecha muy especial de la historia) tuvo que ser pospuesto por el paralelismo con los atentados reales en el metro de Londres en verano. Con una estética a veces teatral, a veces punk, muy inglesa siempre, V de Vendetta no es una obra maestra, ni falta que le hace. Nos dice a la cara lo que nos quiere decir, nos regala un par de momentos de quedarse con la boca abierta y punto. Recordad, niños, que Inglaterra Prevalece.

miércoles, abril 12, 2006

LÍNEAS PARA RECORDAR (XXII)

Buscapé: Lo que debería haber sido una rápida revancha se convirtió en una guerra en toda regla. La Ciudad de Dios estaba dividida. No podías ir de un sector a otro, ni siquiera para visitar a un pariente. La policía consideraba a cualquier habitante de la favela un delincuente. La gente se acostumbró a vivir en Vietnam, y más y más voluntarios se ofrecieron a morir.


Ciudad de Dios (2002)
Escrita por Bráulio Mantovani - Dirigida por Fernando Meirelles

lunes, abril 10, 2006

EL SHOW DE TRUMAN

Es reconfortante, por una vez, ver una peli biográfica que no se dedica a cantar las bondades del personaje retratado. O por lo menos, no sólo. En Capote (me niego a añadirle el Truman que en la versión española el título ha recibido) el director debutante Bennett Miller lleva a la gran pantalla el guión del debutante Dan Futterman. Este guión a su vez adapta la primera novela de Gerald Clarke...demasiados inexpertos ¿verdad? Pues no lo parece. Es una película hecha con una profesionalidad pasmosa, y con una profundidad y una temática que denotan bastante madurez en los creadores. El único que no era nuevo en este sarao de cabezas pensantes, el actor protagonista Philip Seymour Hoffman, es a su vez el que -merecidamente- está probando las mieles del éxito con esta composición que hace del escritor. No se limita a mimetizarse (o disfrazarse, directamente, como hacen algunos intérpretes) si no que recrea al personaje con una cantidad de matices y una complejidad que hace que justo después de admirarle y querer leer todos sus libros el hombre te de bastante grima, y vuelta a empezar.

Capote narra el segmento de la vida del literato que circunda a la creación de la que hoy se considera su obra capital: A Sangre Fría. Empieza con los crímenes reales que fundamentan la narración, pero éstos no son tan importantes en la peli como pudiera parecer. Desde ese momento, seguimos a un autor (que al principio de la peli disfruta de un frívolo éxito llamado Desayuno en Tiffany's) que se interesa por el crimen, por sus perpetradores, por todas las circunstancias que lo rodeaban. Y vamos descubriendo a un ser humano, de un narcisismo sociópata, al que en realidad sólo le interesa él mismo, la grandiosidad a la que le conducirá su novela de no-ficción. Para ello desarrolla una amistad muy cercana con uno de los dos asesinos, Perry Smith, y aquí es donde está el quid de la cuestión ¿fueron amigos realmente Perry y Truman o Capote sólo le utilizó hasta que tuvo la información que necesitaba? Nada más ver la película, la respuesta parece evidente. Y es que se sale de el cine con rabia, asqueado por cómo una mente tan elevada puede ir de la mano de una personalidad tan mezquina. No podré olvidar lo que Truman le dice a su amiga Harper Lee por teléfono, comenzando a escribir su novela: "A veces pienso en lo bueno que va a ser mi libro y me falta el aire". Capote tiene un don para la comunicación, interpersonal y por medio de sus libros, pero en esta parte de su vida lo ha instrumentalizado tanto que consigues verlo más cruel que a los dos asesinos protagonistas de su novela.

Seymour Hoffman lleva el relato sobre sus hombros, pero hay una galería de secundarios que lo hacen más redondo aún, sobre todo Catherine Keener (la escritora-asistente personal Harper Lee), Chris Cooper (el jefe de policía Dewey) y Bruce Greenwood (el escritor y pareja sufrida de Capote Jack Dunphy, siempre a su sombra). Sin olvidar al mestizo Clifton Collins, que interpreta al asesino medio-indio Perry Smith. Es Capote para muchos una pequeña película, pero quizá sea esa su virtud: se centra en una narración muy concreta y unos personajes perfectamente definidos. Y gracias a eso, a la contra que la mayoría del cine independiente actual, no desparrama nada, lo que es de agradecer. Su discurso sobre la creación artística, y sobre todo, sobre la moralidad (o la falta de ella) queda archivado en mi bloc de "pelis con mensaje".