lunes, abril 10, 2006

EL SHOW DE TRUMAN

Es reconfortante, por una vez, ver una peli biográfica que no se dedica a cantar las bondades del personaje retratado. O por lo menos, no sólo. En Capote (me niego a añadirle el Truman que en la versión española el título ha recibido) el director debutante Bennett Miller lleva a la gran pantalla el guión del debutante Dan Futterman. Este guión a su vez adapta la primera novela de Gerald Clarke...demasiados inexpertos ¿verdad? Pues no lo parece. Es una película hecha con una profesionalidad pasmosa, y con una profundidad y una temática que denotan bastante madurez en los creadores. El único que no era nuevo en este sarao de cabezas pensantes, el actor protagonista Philip Seymour Hoffman, es a su vez el que -merecidamente- está probando las mieles del éxito con esta composición que hace del escritor. No se limita a mimetizarse (o disfrazarse, directamente, como hacen algunos intérpretes) si no que recrea al personaje con una cantidad de matices y una complejidad que hace que justo después de admirarle y querer leer todos sus libros el hombre te de bastante grima, y vuelta a empezar.

Capote narra el segmento de la vida del literato que circunda a la creación de la que hoy se considera su obra capital: A Sangre Fría. Empieza con los crímenes reales que fundamentan la narración, pero éstos no son tan importantes en la peli como pudiera parecer. Desde ese momento, seguimos a un autor (que al principio de la peli disfruta de un frívolo éxito llamado Desayuno en Tiffany's) que se interesa por el crimen, por sus perpetradores, por todas las circunstancias que lo rodeaban. Y vamos descubriendo a un ser humano, de un narcisismo sociópata, al que en realidad sólo le interesa él mismo, la grandiosidad a la que le conducirá su novela de no-ficción. Para ello desarrolla una amistad muy cercana con uno de los dos asesinos, Perry Smith, y aquí es donde está el quid de la cuestión ¿fueron amigos realmente Perry y Truman o Capote sólo le utilizó hasta que tuvo la información que necesitaba? Nada más ver la película, la respuesta parece evidente. Y es que se sale de el cine con rabia, asqueado por cómo una mente tan elevada puede ir de la mano de una personalidad tan mezquina. No podré olvidar lo que Truman le dice a su amiga Harper Lee por teléfono, comenzando a escribir su novela: "A veces pienso en lo bueno que va a ser mi libro y me falta el aire". Capote tiene un don para la comunicación, interpersonal y por medio de sus libros, pero en esta parte de su vida lo ha instrumentalizado tanto que consigues verlo más cruel que a los dos asesinos protagonistas de su novela.

Seymour Hoffman lleva el relato sobre sus hombros, pero hay una galería de secundarios que lo hacen más redondo aún, sobre todo Catherine Keener (la escritora-asistente personal Harper Lee), Chris Cooper (el jefe de policía Dewey) y Bruce Greenwood (el escritor y pareja sufrida de Capote Jack Dunphy, siempre a su sombra). Sin olvidar al mestizo Clifton Collins, que interpreta al asesino medio-indio Perry Smith. Es Capote para muchos una pequeña película, pero quizá sea esa su virtud: se centra en una narración muy concreta y unos personajes perfectamente definidos. Y gracias a eso, a la contra que la mayoría del cine independiente actual, no desparrama nada, lo que es de agradecer. Su discurso sobre la creación artística, y sobre todo, sobre la moralidad (o la falta de ella) queda archivado en mi bloc de "pelis con mensaje".

3 Comments:

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